
En el programa de La Baraja de este año, dimos mucha cancha a la presencia de los EEUU en el panorama internacional y, por supuesto, hablamos de las próximas y decisivas elecciones. En estos días se habla en todos los medios de la candidata a vicepresidenta del país que forma ticket con McCain en la arena republicana, Sarah Palin.
El diario El País
titulaba recientemente: “McCain elige de “número dos” a una
antiabortista y creacionista”. ¿Cuál es el significado de
“creacionista”? Palin ha dicho textualmente: “Creo que el creacionismo
debería enseñarse en las escuelas junto a la teoría de la evolución”.
¿Es que son dos cosas diferentes?, ¿Es que una proviene de la razón y la otra de la fe?
La Iglesia Católica no es creacionista, si se entiende este término con el significado con el que se usa en Estados Unidos; es decir, como lectura literal del libro del Génesis de la Biblia. La Biblia es un
libro religioso, no es un libro científico; por eso decía San Agustín,
que la Biblia no enseña cómo es el cielo, sino cómo ir al cielo. Sin
embargo, evidentemente, la Iglesia Católica es creacionista en el
sentido de aceptar a Dios como “creador de todo lo visible y lo
invisible”. La Iglesia Católica no comparte el radicalismo y
fundamentalismo del movimiento creacionista norteamericano.
La Iglesia Católica habla de un “diseño Inteligente” en la
Naturaleza. El Papa Juan Pablo II dijo en 1996 que “la evolución era
algo más que una mera hipótesis”, pero su verdadera doctrina está
contenida en la alocución que había pronunciado diez años antes en una
audiencia general de 1985 en la que dijo:
“Todas las observaciones relativas al desarrollo de la vida conducen
a una conclusión semejante. La evolución de los seres vivos, de la que
la ciencia se esfuerza por determinar los estadios y discernir los
mecanismos, presenta una finalidad interna que despierta admiración.
Esta finalidad que dirige a los seres vivos en una dirección para las
que ellos no son responsables, obliga a suponer una Mente que es su
inventora, su creador.”
Es decir, que aquellas palabras del Papa sobre la teoría de la evolución no pueden ser interpretadas como una aprobación general de todas las teorías de la evolución, incluyendo las que proceden de un neodarwinismo que niega explícitamente a la divina providencia
cualquier papel causal en el desarrollo de la vida en el universo. Un
proceso evolutivo no dirigido –que cae fuera de los límites de la
divina providencia– es rechazado por la Iglesia Católica.
En la homilía de su investidura, Benedicto XVI proclamó: “Nosotros
no somos algo casual ni un producto sin sentido de la evolución. Cada
uno de nosotros es el resultado de un pensamiento de Dios. Cada uno de
nosotros es deseado, cada uno de nosotros es amado, cada uno de
nosotros es necesario.”
En el siglo XIX, el Concilio Vaticano I enseñó a un mundo embelesado
por la “muerte de Dios” que por el uso de la razón la humanidad podía
llegar a conocer la realidad del Primer Motor, al Dios de los filósofos.
Ahora, al principio del siglo XXI, enfrentada con reclamos
científicos como el neodarwinismo y la hipótesis multiversa (muchos
universos) en cosmología, surgida para evitar la abrumadora evidencia
del propósito y diseño encontrado en la ciencia moderna, la Iglesia
Católica defenderá de nuevo la razón humana proclamando que el evidente
diseño inmanente en la naturaleza es real. Las teorías científicas que
tratan de dar razones convincentes de apariencia de diseño como
resultado del “azar y la necesidad” no son en absoluto científicas,
sino, como dijo Juan Pablo II, una abdicación de la inteligencia
humana.”
