Nuevos modelos de distribución de contenidos on line

Desde la consolidación del streaming de cine y televisión entre 2007 y 2010, el aterrizaje de medios e intermediarios en Internet y redes móviles ha sido imparable. No todos han obtenido el mismo éxito, pero sin duda marcan una dirección que no tiene vuelta atrás: el acceso a contenidos de ocio como cine y juegos, libros o prensa, va retrocediendo del mundo físico para combinarse con el on line

El año 2011 será recordado por el lanzamiento de “tabletas” para el acceso a todo el contenido de medios y entretenimiento en un solo aparato

En España la oferta aumenta. Mientras se multiplican las aplicaciones para iPhone, Android, Blackberry u otros teléfonos inteligentes, grandes compañías como la norteamericana Amazon o la sueca Voddler han puesto ya las bases de negocio en España.

El año 2011 será recordado por el lanzamiento de diversos gadgets y tabletas para el acceso a todo el contenido de medios y entretenimiento en un solo aparato. Todavía está por ver quién ganará la partida. En concreto, en 2011 Amazon lanzó su segundo Kindle, el Kindle Fire, para competir no sólo como lector de libro electrónico, sino también como tableta multimedia, Netflix y Hulu integrados para descargar cine y televisión.

En medio de esta carrera han ido apareciendo “intermediarios”, desconocidos hasta ahora en el sector entretenimiento, nuevos en el negocio –Hulu, Netflix o Spotify– o aparecidos de la mano de gigantes como el iTunes de Apple.

Modelos de distribución de éxito
La facilidad de distribución de copias digitales en Internet que la copia privada y la piratería ponen de manifiesto, es una competencia que las industrias tradicionales se resisten a afrontar. Hay cuatro sectores clave: el cine, los videojuegos, la música y los libros. Si confrontamos los datos de 2010 referidos a España, la piratería alcanzó los 11.000 millones de euros, lo que implica no solo lucro cesante de los creadores, sino incluso un “modelo de negocio” del que nadie es titular. Es terreno de todos y un mundo sin ley.

La música es hasta ahora el único de los cuatro sectores que está venciendo la resistencia de los intermediarios clásicos de la cadena de valor (grandes superficies, tiendas especializadas, etc.) para vender, alquilar o incluso regalar canciones o álbumes de éxito. Hay demanda en el público, pero como en todo mercado que se ha “canibalizado” un poco, hacen falta normas justas, autorregulación por parte de la industria y buenas prácticas en los consumidores.

Si la oferta de contenidos audiovisuales on line fuese rápida y flexible asumiría una parte importante del consumo que ahora va a web de descargas

Las suscripciones a Spotify, servicio inmejorable en calidad y cantidad de oferta, siguen subiendo, al igual que el uso del iTunes de pago, tanto para los usuarios de Mac como para los de PC. Gastamos dinero en discos duros multimedia, en PC de mayor capacidad o memoria, o en consolas o tabletas más potentes, pero no pensamos en que cabría ahorrar dinero si lo dedicamos a comprar contenidos asumibles como estos nuevos proveedores ofrecen.

Quioscos digitales
En distribución de publicaciones, revistas y prensa, también en 2011 hemos vivido varios hechos: la consolidación de Orbyt y Zinio o el lanzamiento de Kiosko y Más (ABC, El País y otros diarios). El número de lectores de prensa digital ha aumentado durante el último año hasta llegar a 10,8 millones, y los medios se organizan para “monetizar” ese incremento de audiencia que sigue creciendo. Aunque aún no se sabe si Orbyt o Kiosko y Más tengan éxito y den beneficios.

La plataforma Zinio de revistas sí está siendo un negocio competitivo en España. En Estados Unidos, donde lleva más años, no sólo es rentable sino que además se lanza al mercado móvil y se ofrece con los últimos smartphones de T-Mobile.

El sector editorial va por detrás (cfr. Aceprensa, 6-04-2011), aunque hay movimientos importantes. En Estados Unidos no hay precio fijo, y las cosas van más rápidas y mejor. El libro ya no sólo se vende en formato impreso y digital: también se presta de forma gratuita, incluso a través de aplicaciones para móviles muy fáciles de usar –como la de Kindle para Android– e independientes del dispositivo, de modo que viajando con un aparato distinto del habitual se puede continuar la lectura de un libro con sus marcas y anotaciones.

Frente al sistema clásico de cine en sala, portales como Youzee traen el espectáculo a casa

El marco legal no es el problema
Los principales modos – y por tanto contratos– de distribución o comercialización de contenidos, de acuerdo con las leyes europeas de derechos de autor son: alquiler, venta y comunicación pública, y ninguno presenta inconvenientes a priori para realizarse online, como en el mundo analógico.

Mundo analógico
Mundo digital
Alquiler Videotecas DVD, Blu-ray

Juegos en alquiler
(Tarjetas Nintendo, XBox o PSP,
DVD o CDs, etc.)

Alquiler via streaming

Alquiler por tiempo de descarga
(Voddler, Spotify)

Venta Grandes superficies

Librerías

Tiendas de música

Venta de e-books o por catálogo en red

Webs de grandes superficies

Web de librerías

Comunicación
pública
Cines, TV a la carta, aviones, hoteles Cine a la carta, tarifa plana por Internet, wi-fi o 3G

Nuevos intermediarios: Netflix, Voddler, iTunes,
Filmin, Filmotech, Youzee

 

La comunicación pública en cine se ha hecho siempre observando el sistema de “ventanas”: primero las salas, luego aviones y hoteles, DVD o Blu-ray, y finalmente alquiler y venta. Ahora (ver abajo) las posibilidades comerciales no pueden esperar ese tiempo clásico del mundo fisico.

La rigidez de este sistema –que la industria ha debatido en Sitges en octubre pasado (cfr. La Vanguardia, 11-10-2011)– es uno de los muros contra los que se estrella el usuario que, desalentado, acude a webs de descargas o de visionado gratuito. Teniendo en cuenta las campañas mundiales de lanzamiento de películas, videojuegos o libros, con un marketing muy incitante, la oferta genera una cierta “necesidad” que se termina saciando en productos de peor calidad y fuera de los circuitos de explotación de las productoras y editoras. Si la oferta fuese rápida y flexible, asumiría una parte importante de ese consumo.

Barreras del catálogo actual
Algunas de las barreras tienen que ver, pues, con los tiempos, y son barreras jurídicas, pero dependen de los acuerdos entre las partes. Otras se refieren a los derechos de autor (cfr. www.e-television.es); y no nos referimos aquí a la piratería o al canon digital, sino a la libertad de disposición que creadores e industrias tienen para su venta o alquiler a nivel mundial. Para que haya una buena oferta on line, el asunto no es sólo saber si hay o no suficiente catálogo de películas, series, animación o programas de televisión, sino si se cuenta con los derechos de explotación en otras áreas geográficas.

Los contratos de distribución de cine están siendo el cuello de botella para el crecimiento de sistemas como Netflix en Europa o América Latina. También para que los productores españoles se lancen a comercializar las obras en varios canales a la vez.

También las importadoras de películas, normalmente distribuidoras de cine en sala y posterior venta y alquiler, tienen que abrir su modelo. En ocasiones la distribuidora es una empresa subsidiaria de la matriz, como ocurre con Buenavista International (Disney) o 20th Century Fox Latino América (20th Century Fox). Pero eso no implica que tengan los derechos originales de sus producciones, porque pueden haberlos cedido.

Frente al sistema clásico de cine en sala, portales como Youzee traen el espectáculo a casa. Ahora que las pantallas de TV han mejorado la calidad de audio y vídeo –una de 40 pulgadas es ya más que suficiente en un cuarto de estar familiar–, el consumo de cine e incluso de cine en 3D tendrá que moverse hacia aquí.

App-solutamente móvil
Hay un fenómeno relativamente nuevo en este ámbito: el de las aplicaciones. No las aplicaciones que descargamos al PC, móvil o tableta, que de por sí son importantes y estratégicas para que el usuario consulte una publicación, escuche una radio o vea una serie de televisión. Me refiero a las aplicaciones compartidas entre dispositivos de un mismo usuario (y su entorno familiar). En el caso de los e-books, este es un punto estratégico (“quiero seguir leyendo donde lo dejé”) que Kindle entiende muy bien y ofrece no sólo a los compradores de su tableta y lector, sino a todos los que hemos descargado su aplicación en un teléfono o leemos en nuestro ordenador.

Por otro lado, como ya hemos ido contando en Aceprensa (ver artículos relacionados), Internet gana terreno a la televisión especialmente entre los usuarios de “tabletas”. Concretamente (1), aunque el número de tabletas es todavía bajo (1,6 millones de personas tienen iPad o Galaxy Tab), lo que corresponde al 4,6% de la población española, la penetración de móviles en cambio es muy alta (60 millones de líneas).

A modo de conclusión, hay varios hechos que no se pueden olvidar:

  • Muchos teléfonos inteligentes dan acceso a los mismos contenidos y no requieren inversión inicial para disfrutar de “quioscos electrónicos”, música a la carta o incluso cine.
  • Cualquier modo de distribución deberá ser accesible no sólo por cable o ADSL sino por wi-fi o redes 3G.
  • Las aplicaciones móviles son más fáciles de utilizar en general que las webs: así ocurre por ejemplo en banca, en diarios digitales o en libros, y eso explica su fuerte crecimiento.
  • La penetración del smartphone entre el público adolescente y joven es altísima, con predominio de Blackberry.
  • La clave del precio viene dada por el contrato ofrecido por las operadoras de telefonía y ya va siendo corriente que el contrato incluya voz, texto y datos, y es en este último punto donde se libra la batalla de los contenidos.

¿Hay negocio? Si hay buenos contenidos y un nuevo marketing estratégico, sí.

Loreto Corredoira es autora del libro La protección del talento. Propiedad intelectual de autores, artistas y productores con especial atención a Internet y obras digitales (Tirant lo Blanc, Valencia, 2011) y profesora de Derecho de la Información en la Universidad Complutense de Madrid.

____________________

(1) Libro Blanco de la Prensa Diaria 2012, IESE-CIEC, Octava Parte, elaborada por Carat: “Presencia y uso de los Tablets en España y oportunidades para el sector prensa en la oferta de contenido de información y actualidad”, 2011.

© ACEPRENSA S.A. Prohibida la reproducción íntegra o parcial. Aviso legal.
Puede leer este artículo on line aquí: http://www.aceprensa.com/articles/nuevos-modelos-de-distribucion-de-contenidos-line/

Dos reflexiones sobre la prensa económica y la prensa digital

El quiosco digital

No se sabe seguro si es la mejor estrategia o simplemente algo inevitable. Pero cobrar al lector lleva traza de hacerse la tendencia dominante en la prensa digital. En el último año, la práctica, con diversas variantes, se ha extendido en Occidente, donde el descenso de publicidad y ventas de los periódicos impresos han forzado a intentar algo para hacer rentables las ediciones digitales.

A decir verdad, la prensa crece en la mayor parte del mundo, como muestra el reciente informe anual de la World Association of Newspapers (WAN). Concretamente, la difusión ha subido un 7% en Asia y el Pacífico, y un 2% Latinoamérica. Las pérdidas se concentran en Norteamérica y Europa, y ahí es donde es mayor la tendencia a pasar al pago en los periódicos digitales.

Esto no significa que en los mercados maduros de Occidente la prensa pierda audiencia. Al contrario, pues el aumento de la difusión en Internet compensa de sobra el descenso del papel. El resultado, sin embargo, no es tan halagüeño: hay más lectores pero menos compradores.

No pasa nada si la publicidad rellena el agujero, pero no es así. El aumento de los anuncios digitales no compensa el descenso en los de papel.

Por eso Larry Kilman, de la WAN, describe así la tesitura actual de la prensa en Occidente: “Si se tienen en cuenta todos los soportes, la audiencia es más grande que nunca. No es un problema de audiencia: es un problema de ingresos”.

El mal precedente

Al echar la mirada atrás, parece un error que la prensa en Internet empezara siendo totalmente gratis: ha venido a ser un mal precedente. Pero al principio, hace quince años, las webs de los periódicos eran bastante elementales y las conexiones, lentas, y no había buenos medios de pago y de control de visitas. Después, cuando se ha querido cobrar, ha resultado difícil hallar buenas fórmulas.

De ello son indicio los titubeos. The New York Times (el diario más leído del mundo en Internet) empezó siendo gratis, luego puso de pago una parte de los artículos, al cabo de dos años (2007) abandonó el sistema, y desde hace unos meses vuelve a cobrar, aunque de otra forma: la misma, por cierto, adoptada ahora por The Economist, que antes vedaba artículos selectos a los no suscriptores. También El País (Madrid) fue, en parte, de pago durante tres años (2002-2005). (Aceprensa experimentó durante un año los pases de 24 o 72 horas, pero finalmente solo ofrece la suscripción anual y una selección de contenidos en abierto.)

Las suscripciones solo han funcionado bien en periódicos especializados, como los económicos (The Wall Street Journal es el caso prototípico), porque tienen lectores que los necesitan para su trabajo.

Haciendo de la imposibilidad teoría, se fue imponiendo la idea de que la publicidad financiaría la prensa en Internet; por tanto, había que buscar la máxima audiencia posible, y para eso, ser gratuitos. Pero la publicidad no ha resultado suficiente, y en la crisis económica las ediciones impresas no pueden subvencionar las digitales.

La fórmula de moda

Ahora, a la necesidad se une la existencia de mejores sistemas informáticos de cobro y la invención de nuevas fórmulas de pago. La “de moda” es el cupo de artículos gratuitos (metered paywall), adoptada por The New York Times y The Economist.

En el caso del Times, un lector puede leer libremente 20 artículos cualesquiera por mes antes de que se alce la barrera y tenga que pagar por los siguientes. La ventaja de este sistema es que da bastante margen al lector ocasional y solo cobra al habitual, que muestra tener mayor interés y por tanto más probablemente estará dispuesto a pagar. A la vez, el cupo gratuito facilita que el ocasional se aficione al periódico y se convierta en habitual.

La idea parece bien fundada. Según un estudio realizado el año pasado en Estados Unidos por Pew Research Center, la audiencia de las webs de periódicos se compone de un pequeño núcleo de lectores fieles y una gran mayoría de esporádicos. A lo largo de un mes, casi dos tercios de los visitantes ven el sitio una sola vez, y un poco más de la cuarta parte, de 2 a 6 veces. El dato interesante es que la menor parte (3%) no son los más asiduos, sino los que entran de 7 a 9 veces; los que hacen por lo menos 10 visitas son más del doble, el 6,5%. En principio, pues, este sistema puede traer un número suficiente de suscriptores sin que baje la audiencia total, de la que dependen en gran parte el volumen y el precio de la publicidad que consigue el medio.

El segundo modo de prensa de pago que se está extendiendo es la venta de acceso mediante aplicaciones para dispositivos manuales (teléfono, tableta, e-reader), que mejoran notablemente el uso con respecto a las versiones de las web adaptadas a móviles. La aparición del iPad el año pasado provocó una rápida proliferación, extendida al iPhone y otros aparatos. Tales programas suponen una inversión y dan un plus que justifica el pago a los ojos del usuario. Por ejemplo, la nueva suscripción digital a The New York Times cuesta 15, 20 o 35 dólares al mes, según uno quiera leer el diario, además de en ordenador, mediante una aplicación para teléfono móvil, con otra para tableta o en los tres tipos de dispositivo.

Las aplicaciones han reforzado la tendencia a cobrar, pues si los periódicos venden el acceso por medio de ellas, no es del todo lógico que den gratis en la web los mismos contenidos. Más aún porque las aplicaciones para los aparatos manuales más populares, el iPhone y el iPad, se tienen que instalar desde la tienda de Apple, que no presta el servicio gratis.

Google deja más libertad y se lleva menor comisión en sus Chrome Store (aplicaciones y complementos para el navegador Google Chrome) y Android Market (para teléfonos móviles con Android, el sistema operativo inventado por Google). Y como Android ya es la plataforma más instalada en teléfonos nuevos, el dominio de Apple se está mitigando. Pero en el mercado de tabletas, nadie hace sombra todavía al iPad.

Quioscos digitales

Estas tiendas suponen separar la web del periódico y el punto de venta, idea que aplican también los quioscos digitales. Este sistema, que también se va extendiendo últimamente, permite comprar el acceso a distintas publicaciones en el mismo lugar. Así son Press+ (Estados Unidos), Piano Media (Eslovaquia), Orbyt (España), promovido por el diario El Mundo, y su nuevo competidor Kiosko y Más (ABC, El País). No faltan los dos de siempre, Apple y Google.

La ventaja de los quioscos para los lectores es que tienen una amplia oferta de publicaciones en un mismo lugar y pueden suscribirse a las que quieran sin necesidad de comunicar sus datos más que una vez. Esto es bueno para los periódicos en la medida en que facilita las ventas, pero también les supone renunciar a parte de los ingresos y a la relación directa con los lectores. Sobre todo si se apuntan con Apple, que cobra comisión del 30% y no comparte los datos de sus clientes con los editores. Pero ¿quién más tiene los datos de 300 millones largos de tarjetas de crédito voluntariamente entregados por los titulares? De todas formas, pocos periódicos grandes han aceptado la oferta de Apple, y uno que se había sumado, el Financial Times, fue expulsado de App Store en agosto pasado por pretender esquivar el peaje con una aplicación que cobraba directamente al suscriptor. Apple incluso no admite que si un periódico vende una aplicación en App Store, la dé gratis a los suscriptores de la edición impresa.

Google no pide tanto: se queda el 10%, deja libertad a los periódicos para fijar el precio y las condiciones, y comparte con ellos los datos de los lectores. Habrá que esperar para ver si One Pass tiene un éxito comparable a la tienda de Apple.

Resultados

El caso es que ahora hay mucha más prensa de pago. En Estados Unidos, la tendencia es más fuerte en los periódicos locales y regionales, que tienen menos competencia. Algunos se han atrevido hasta a cobrar por la edición digital a los suscriptores de la impresa. Pero ¿cómo responde el público?

En julio de 2010, The Times aplicó la fórmula más radical: no dar nada gratis. Desde entonces ha ido sumando suscriptores digitales, cada vez a menor ritmo. Los primeros 50.000 llegaron en tres meses, y los 50.000 siguientes tardaron ocho. El 30 de septiembre pasado contaba 111.000 (tarifa: 13 euros al mes), y en ese mes había vendido además 1,4 millones de pases de 24 horas (1,50 euros).

Por su parte, el New York Times ha obtenido 324.000 suscriptores hasta el 30 de septiembre con su nuevo sistema, inaugurado a finales de marzo. Es un buen número, pero no ha pasado bastante tiempo para comprobar la tasa de renovación. Además, otros 800.000 suscriptores en papel han activado su acceso sin costo adicional a la edición digital. De momento, el balance de suscripciones a 30 de septiembre ha coincidido con el retorno de la empresa a los beneficios en el tercer trimestre de 2010.

No hay muchos más datos por ahora, pero la experiencia es que empezar a cobrar no es una catástrofe. Las visitas bajan, pero hasta un nivel tolerable, y no necesariamente para nunca más subir. Otra experiencia es que no suelen ser muchos, generalmente menos de la mitad, los suscriptores en papel que se registran para acceder a la edición digital completa, aunque en casi todos los casos no cuesta ni un céntimo más. Esto parece indicar una separación entre dos modos de leer la prensa y dos tipos de lectores habituales, con un público relativamente pequeño que pertenece a ambos. En tal caso, los periódicos quizá tienen que prepararse para un fuerte aumento de lectores solo digitales y un continuado descenso del papel.

Para saber más

Análisis de The Economist sobre la prensa digital de pago.
Los titubeos del New York Times y su nueva fórmula.
Suscripciones por aplicaciones y quioscos digitales: los dilemas que plantean a la prensa, y cómo responden los periódicos a las exigencias de Apple.
Difusión de las fórmulas de pago y primeros resultados de los periódicos que las adoptan.

_____
Por dónde cojea la prensa económica de España

Creo que fue en 1990. Yo estaba de paso por Londres y le pedí a un colega español que tenía un despacho en la sede de Financial Times, que por favor me hiciera una visita guiada al templo del periodismo financiero.

Fue mejor que ir a Disneylandia.
Lo que más me llamó la atención fue el silencio. Eso no tenía nada que ver con mi periódico. Acostumbrado a los gritos de “¡a ver esa página!” o también “¡cierra de una vez, carajo!”, acostumbrado a los boletines de Radio Nacional que se vociferaban por los altavoces de algunos aparatos, y habituado a ese ambiente de colosal camaradería lingüística de la prensa española, pues aquello me pareció, no sé cómo decirlo, me pareció anormal.
Muy inglés, claro.
Allí la gente no hablaba sino que susurraba, bisbiseaba, sugería. Había unos aparatos de televisión pegados casi al techo cada cinco metros, pero no se podía escuchar el sonido salvo que uno insertase un auricular en un enchufe de su mesa.
¿Radio? Creo que ni la escuchaban.
Otra de las cosas que me sorprendió es que parecía la Casa del Pensionista de cualquier ciudad española. Estaba lleno de viejecitos y viejecitas entrañables. Los hombres que tenían pelo, ya estaban canosos. Había mujeres tan mayores que estuve a punto de invitarlas a un pub a que me contaran su laaaaaarga historia.
Algunos ya habrían entrado en la última parte de su vida pero ahí estaban dando guerra. Esto me hizo pensar: ¿por qué los periodistas económicos españoles parecemos una comuna de pitufos?
Por ejemplo, cuando había una rueda de prensa internacional en, digamos París, organizada por una compañía como Airbus, nos sentábamos todos los periodistas de muchas naciones a lo largo de la sala de prensa. Uno veía a maduros ingleses, a veteranos alemanes, a curtidos holandeses… Y luego, una mesa de divertidos alborotadores españoles de menos de 35 años. A veces de 25 añitos. Unos pitufos.
En cualquier profesión, ser un veterano supone acumular mucho conocimiento en la cabeza. Si se juntan un montón de esos profesionales en un medio de comunicación, el resultado es un medio maduro, con capacidad de análisis, y con temas de fondo.
Pero la prensa económica española siempre estaba llena de pitufos. ¿Adónde iban los veteranos? ¿Eran asesinados por sus periódicos para ser convertidos en hamburguesas o en soylent green?
Lo que sucedía es que, llegada cierta edad, los periodistas abandonaban sus medios. ¿Las causas? La primera, que les pagaban mejor en una agencia de comunicación o en el departamento de comunicación de cualquier empresa. La segunda, que ese periodista se veía con 40 años saliendo a las once de la noche todos los días por la pésima organización del trabajo de los medios. Al menos esa era mi deducción.
Lo cual ha originado un grave problema a nuestros medios económicos: no son profundos, no saben lo que es un análisis (algunos piensan que es la hermana menor de la diálisis), no saben hacer preguntas de fondo en las ruedas de prensa, y son, por eso, previsibles.Cuando pasa un acontecimiento importante, como sucedió con la reciente turbulencia de los mercados, yo puedo cerrar los ojos e imaginar los titulares de día, siguiente, los temas, los apoyos y los enfoques. Y en la inmensa mayoría de los casos, lo juro por Scarlata O’Hara, no me parecen novedosos. Todo muy previsible. De carril. Por ejemplo, en el caso de las turbulencias financieras, la prensa económica estaba más interesada en ver el preludio de un hundimiento total, que de exponer un sinsentido: ¿desde cuándo España es un país poco fiable? Al final, tuvo que ser Financial Times quien sugiriera que algunos fondos de inversión estaban apostando contra España y contra el euro. Es decir, nuestra prensa económica perdió los papeles. Sólo había que ver los titulares de estos días para comprobarlo.
Voy a seguir con mi visita a Financial Times.
Iba yo con mi amigo por los pasillos de aquel santuario del saber, cuando nos detuvimos a la altura de un grupo de tres personas que charlaban en voz baja. ¿Sabes quiénes son esos? Les volví a mirar y solo distinguí a tres hombres de unos 40 a 55 años. Uno hablaba y otros asentían o movían la cabeza. Pues no, no sé quiénes son, dije.
“Son los de la Lex Column”.
Oh, ah, uhm. ¡Los chicos de la Lex Column!
Los chicos de la Lex Column deben ser los periodistas mejor pagados del mundo en función de las letras que escriben. Cada día, en la última parte del primer cuerpo del FT, aparecen publicados unos comentarios económicos en un recuadro llamado así: Lex Column. Es como la columna de la ley, la opinión aquilatada, el oráculo financiero. Las empresas españolas se mueren de placer cuando visitan el FT y contactan con la Lex Column. Y si logran convencerles de que su empresa es estupenda, y si encima, eso sale publicado, la agencia de relaciones públicas que haya organizado la visita tiene el presupuesto del año asegurado.
Hasta al gobierno español se le hace el culo casera por visitar a la Lex Column del FT. Los hemos visto esta semana.
Estos tres hombres (no sé si hay más, si se turnan o si hay hoy alguna mujer) hacen lo siguiente: se pasan el día debatiendo los asuntos más importantes y luego los redactan. Ya saben que en los colegios británicos existe la costumbre de atizar la “discussion”, es decir, de debatir los temas del momento. Los alumnos se preparan desde jovencitos a analizar, debatir y defender sus ideas.
Esa costumbre unida a la tolerancia por el pensamiento ajeno, ha dado como resultado una prensa analítica: es decir, desgranan los acontecimientos en piezas, los observan, sugieren sus causas y proclaman una conclusión. Muchas veces es una conclusión muy británica, como si ellos gobernaran el mundo todavía, pero por lo menos, la forma de atacar los asuntos suele ser propia de alguien “que le ha dado mucho al coco”.
Financial Times y The Economist, que son del mismo grupo editorial, han destacado en el mundo por tres razones: por sus análisis económicos, por la forma directa y elegante de exponerlos, y porque lo hacen en inglés. Si lo escribieran en serbocroata nadie los leería porque la comunidad financiera mundial, de Los Angeles a Hong Kong, se desayuna todos los días con FT, o con The Wall Street Journal, (y cada semana con The Economist) pues los entienden y aprenden de ellos.
Nuestra prensa económica, ¿en qué falla? En primer lugar, en que no hay forma de retener a los más talentosos porque se nos escapan para ganar más dinero o “porque estoy harto de llegar a las once de la noche”. Casi nadie echa canas en los medios económicos, y los que han echado canas, arrastran toda la tornillería defectuosa de unos malos hábitos adquiridos durante esos años. ¿Novedad? ¿Cambio? ¿Revolución? ¿Ensayar nuevas fórmulas? ¿Crear nuevos lenguajes? Usan las mismas 500 frases hechas desde que alguien les enseñó qué era un “caj flouu”.
También falla en que no se cultiva el género del análisis. Se confunde análisis con recortaje. Un recortaje es como llamamos de forma simpática a esas columnas que arriba dicen “Análisis” y abajo sólo traen un resumen de lo que ha pasado hasta el momento. Pero nada de materia gris. Nada de conclusiones novedosas. Nada de datos extraordinarios.
¿Y cómo se cultivaría el análisis? De una forma muy sencilla: dale tiempo al redactor para que prepare su análisis. Pero no. Aquí se hacen análisis como churros y no hay tiempo para pensar. Sí, he dicho pensar, pues para producir un buen análisis no sólo hay que hablar con muchas fuentes, y debatir con los compañeros (he dicho debatir, no discutir) sino también clavar los codos en la mesa y pensar.
Si un redactor jefe español ve una de sus chicas o de sus chicos en actitud de sagrada intelectualidad, le grita: “Mueve el trasero y mete este teletipo”. Voy a repetir la frase porque me gusta: “¡Mueve el trasero, joer!”.
Aparte de “mueve el trasero, joer”, hay otras frases como “coge esa llamada”, “mira a ver si ha llegado el fax”, “entra en la reunión”, “vete a la rueda de prensa”, “saca esa página de una vez”, “fusila este artículo del Times”, “vamos a levantar tu reportaje porque ha llegado esto”, “baja a seguridad y trae el paquete”, o, la mejor de todas, “la verdad es que tu tema está bien, pero es que esa empresa acaba de meter una campaña de cien mil euros”… Y lo peor de todo es que, con los despidos, hay menos gente por metro cuadrado, con lo cual se han multiplicado exponencialmente las actividades creativas anteriormente expuestas. Y con más mala leche de arriba.
Cinco años de Facultad, diez de formación intensa, para sumergirse en esa rutina portentosa.
A todo esto, hay que añadir que nadie se pone a buscar enfoques nuevos. Si lo hace, se encontrará con su jefe (ah, los jefes), que le dirá: “Me parece que se te ha ido la olla”. El jefe solo quiere cerrar páginas; y si es metiendo teletipos, mejor, porque es más rápido. Si chaval, cinco años de Facu para meter teletipos.
Y eso que no entramos en política. Porque suele pasar que la prensa económica se olvida de este adjetivo y piensa que es prensa política. Entonces, como el gobierno es socialista y los socialistas son el coco, hay que darles hasta en el carné de identidad, tengan o no tengan razón. A muchos les hubiera encantado titular que la economía española entraba en quiebra esta semana sólo por el placer de dar caña al gobierno, y olvidando su responsabilidad como medios y como periodistas: nos estábamos jugando nada menos que la credibilidad financiera de nuestro país. ¿Dónde está el equilibrio? Con Wally.
La prueba es que esta semana, algunos medios tuvieron que comerse sus titulares con cachelos.
De modo que nuestra prensa económica es lo que es.
No es por falta de talento. Es porque la maquinaria tritura todo: el talento de los audaces, el tiempo para madurar los temas, el tiempo para envejecer con placer en un medio de comunicación, y, bueno, supongo que el salario.
La prensa económica española además depende mucho de sus anunciantes. Entre los periódicos y las empresas (sus fuentes de financiación) se establece una relación tan estrecha que no son capaces de publicar nada hiriente. Y ahora, con la caída de la publicidad, si una redactora competente trae un tema que pise los callos a un anunciante, puede acabar en la sección de “Golf”. Eso produce un círculo vicioso: pocas noticias interesantes, falta de interés por los lectores, ventas miserables, falta de dinero, ergo, mucha dependencia de ¿quién? De los anunciantes.
Problema terrible: nuestra prensa económica es una prensa amistosa con los anunciantes. Digamos que se hacen arrumacos.
¿Alguien recuerda alguna exclusiva de la prensa económica que destapara los trapos sucios de una empresa?

El complejo paso de la juventud a la madurez.

Cuando se habla de los “jóvenes de hoy”, algunos adultos tienden a quejarse de un retroceso respecto a los de la generación anterior (bien en lo académico o bien en terrenos más amplios como la cultura, el civismo o la moral). Los más optimistas suelen salvarles con el argumento “nada nuevo bajo el sol”.
Debido a una serie de transformaciones socioculturales, el paso de la juventud a la madurez se ha vuelto más complejo que antes. Procurar hacerse cargo de la amalgama de conflictos que viven los jóvenes es ya un primer paso para ayudarles a buscar un sentido vital.

Pero para Christian Smith, profesor de Sociología y director del departamento de investigación social de la Universidad de Notre Dame, este último argumento a veces esconde comodidad antes que optimismo.

Sería como decir: ya se sabe que, a su edad, todos hemos tenido dificultades. Pero cuando se incorporen al mundo laboral, formen una familia y afronten una hipoteca, entonces maduraran. En cualquier caso, no podemos hacer nada por ellos.

A juicio de Smith, el argumento “nada nuevo bajo el sol” olvida un dato básico: que los jóvenes de ahora son distintos a los de antes, pues las condiciones sociales, culturales, demográficas y económicas en que han crecido son diferentes.

Seis tendencias que los hacen distintos

Smith es el investigador principal de Lost in Transition (1), un estudio recién publicado que combina técnicas cuantitativas y cualitativas para analizar cómo se comportan y cómo argumentan en el terreno moral los llamados “adultos emergentes”: o sea, jóvenes de 18 a 23 años. Una fuente de información muy valiosa en este estudio son las entrevistas en profundidad que hicieron Smith y su equipo en 2008 a una muestra de estos jóvenes, procedentes de distintos lugares de Estados Unidos.

Para comprender las dificultades que afrontan los jóvenes del siglo XXI, Smith y su equipo identifican seis cambios socioculturales que –junto a otros que no pueden abarcar– han dejado huella en esta generación.

El primero de ellos es la democratización de la universidad, un proceso que comenzó en la segunda mitad del siglo XX. Pero lo novedoso es que ahora un elevado número de alumnos –los que quieren estar mejor preparados y, por tanto, los que probablemente terminarán influyendo más en la cultura del país– tienden a alargar su formación académica hasta los 30 años mediante posgrados o masters.

Un segundo cambio, unido al anterior, es que se casan a edad más avanzada. Si bien es cierto que en esta decisión han influido factores económicos, también ha tenido mucho peso el miedo al compromiso.

Un tercer cambio podría formularse en forma de paradoja: nunca antes los jóvenes de EE.UU. (y, en general, de Occidente) habían gozado de tanta libertad y bienestar material, pero curiosamente nunca antes habían experimentado tanta “desorientación” y “ansiedad”; dos palabras que aparecen con frecuencia en el estudio.

El cuarto cambio es el hiperproteccionismo económico con que los padres envuelven a sus hijos universitarios. Aunque actúen con buena intención –que a sus hijos no les falte de nada para que aprovechen bien la carrera–, lo cierto es que esos recursos no siempre van destinados a comprar los últimos manuales.

Según las estimaciones de los autores, aparte del coste de la universidad, los padres norteamericanos gastan de media en sus hijos unos 38.340 dólares (28.560 euros) en el período que va de los 18 a los 34 años; dinero que éstos “destinan preferentemente a financiar su libertad durante el largo tiempo que transcurre hasta la madurez”.

El quinto cambio no aporta nada esencialmente novedoso al movimiento de la revolución sexual de los años sesenta y setenta. Fue entonces cuando la píldora facilitó separar sexualidad y procreación. Lo significativo de estas últimas décadas es que el permisivismo va en aumento.

Finalmente, en los años ochenta y noventa, las teorías postestructuralistas y postmodernistas tuvieron un gran impacto en la cultura norteamericana. Aunque muchos jóvenes quizá no conocen sus postulados, lo cierto es que algunas de estas ideas han calado en su manera de pensar. Por ejemplo: la pérdida de confianza en la razón; el auge del emotivismo; la idea de que cada cual puede construirse a sí mismo al margen de los lazos familiares y sociales e incluso de la biología; el relativismo moral, etc.

El subjetivismo sentimental confunde

De las conclusiones del estudio que más han llamado la atención a algunos comentaristas norteamericanos se encuentra la incapacidad –conceptual y lingüística– que tienen muchos jóvenes de 18 a 23 años para manejarse con soltura en las conversaciones sobre temas morales.

En general, ante los dilemas éticos planteados por los investigadores, abundan las respuestas basadas en un subjetivismo sentimental que evita chocar con las opiniones –más que convicciones– de los demás. Algunos ejemplos:

— “Eso es algo personal. Depende de cada uno. ¿Quién soy yo para juzgar?”

— “[En tal situación] haría lo que creo que me haría feliz o lo que me haría sentirme bien. No tengo otra forma de saber cómo actuar más que atender a cómo me siento”.

— “Supongo que lo que hace bueno a algo es cómo me siento yo respecto a eso. Pero entiendo que hay personas que pueden sentirse de forma diferente respecto a lo mismo; por tanto, no puedo decidir qué es bueno y qué es malo por los demás”.

Es significativo que, cuando los investigadores pidieron a los jóvenes que describieran un dilema moral al que se habían enfrentado, dos tercios no supieron responder o bien explicaron un dilema que no tenía nada que ver con la moral. Uno, por ejemplo, respondió que no tenía suficiente dinero para alquilar un apartamento.

Para Smith, la confusión de estos jóvenes se explica principalmente por dos motivos. Primero: porque se han acostumbrado a pensar la ética en función de sus sentimientos, en lugar de elaborar sus posiciones a partir de principios objetivos. Y segundo: porque, al no estar acostumbrados a leer ni a razonar sobre cuestiones éticas, les falta el vocabulario básico sobre estas materias.

El progresismo de unos lo pagan otros

Smith tiene clara una cosa: estos jóvenes no son unos inmorales. Pero necesitan más formación cultural y ética; algo que requiere dedicación por parte de los adultos. Más que nada porque estos problemas no afectan sólo a los jóvenes, sino que hunden sus raíces en la moderna cultura americana que éstos han heredado.

Esa dedicación –Smith la llama realistic care– exige, en primer lugar, abandonar el cómodo argumento “nada nuevo bajo el sol”. No es realista confiar en que los problemas de los jóvenes (su forma de pensar, los hábitos que han desarrollado durante años…) se arreglarán –así, de golpe y porrazo– sólo porque les caiga encima una hipoteca.

Además, una atención realista requiere abandonar el eje progresista-conservador para empezar a abordar la desorientación de los jóvenes. Se trata de afrontar sufrimientos concretos, no batallas ideológicas.

En este sentido, resulta elocuente un artículo de David Brooks en The New York Times a propósito de Lost in Transition. Después de comentar el estudio, se queja del poco caso que se ha hecho a pensadores rigurosos que llevan décadas advirtiendo sobre el deterioro de los valores compartidos y el auge del individualismo moral.

Autores como Allan Bloom, Gertrude Himmelfarb, Alasdair MacIntyre, Charles Taylor o James Davison Hunter han insistido –cada uno a su modo– en la insuficiencia de la experiencia subjetiva como fuente de sentido; son necesarios, además, los vínculos sociales que proporcionan la familia, la religión, la moral y la cultura.

El artículo de Brooks da pie para preguntarse si los experimentos sociales llevados a cabo a partir de los años sesenta en ámbitos como la protección de la vida, la familia, la educación o la sexualidad no se lo han puesto un poco más difícil a las generaciones siguientes.

A la vuelta de los años, parece que lo que las élites acomodadas del siglo XX consideraban signos preclaros de trasgresión y progresismo no eran más que fuentes de desorientación y ansiedad para unos jóvenes que, además, han de afrontar ahora una situación de inestabilidad económica y precariedad laboral.

Correo electrónico en una semana

Me envía esto un amigo:

Hoy sale a luz mi libro “Correo Electrónico en una semana” de Gestión 2000 del Grupo Planeta y que mejor que anunciarlo a través de un correo electrónico. El lanzamiento coincide con los 40 años del envío del primer correo electrónico. El libro intenta ser una herramienta que nos permitirá organizarnos mejor a la hora de escribir y de procesar los correos electrónicos, que en estos días cada vez son más y nos ocupa más tiempo gestionarlos. Aquí os dejo un link con la sinopsis, precio y demás información del libro.

A partir de hoy (18 de Octubre) estará en las librerías (con la fuerza de distribución de Planeta), en la tienda On-Line de Planeta, en Amazon.es (temporalmente agotado, pero podeis hacer “back order”) y en la Librería de iBooks de Apple (en el transcurso del día).

< ....>

No me haré rico con este libro, pero estoy seguro servirá a que muchos de nosotros ahorremos una hora al día y la podamos dedicar a buenas acciones, a nuestra familia, a descansar o incluso a hacer más proyectos ;)

Protector Solar

Discurso de graduación del MIT, 1997
por Kurt Vonnegut.

“Damas y caballeros del curso de 1997:

Usen crema de protección solar.

Si solamente pudiese darles un consejo para el futuro, sería que usen crema de protección solar. Los beneficios a largo plazo de la protección solar han sido demostrados por la ciencia, mientras que el resto de mis consejos no tienen más justificación que mi propia e insegura experiencia. Les daré estos consejos ahora.

Disfruten del poder y la belleza de su juventud. No se preocupen. No comprenderán el poder y la belleza de la juventud hasta que se hayan marchitado. Pero créanme, en 20 años verán fotos de ustedes y comprenderán de una manera que ahora les resulta imposible cuántas posibilidades yacían ante ustedes y cuán bellos eran. No están ustedes tan gordos como creen.

No se preocupen por el futuro. O sí, preócupense. Pero sepan que preocuparse es tan efectivo como tratar de resolver una ecuación algebraica masticando chicle.

Los verdaderos problemas de sus vidas serán cosas que nunca se han cruzado por su mente, el tipo de cosas que les abruman de repente a las 4 de la tarde de un aburrido jueves.

Hagan cada día algo que les asuste hacer.

Canten.

No sean imprudentes con los sentimientos de otras personas. No acepten que otros sean temerarios con los sentimientos de ustedes.

Sean tranquilos.

No malgasten su tiempo con los celos. A veces estás por delante, otras veces estás detrás. La carrera es larga y al final, se compite sólo con uno mismo.

Recuerden los cumplidos que reciben. Olviden los insultos. Si consiguen hacer esto, díganme cómo.

Conserven sus viejas cartas de amor. Tiren a la basura la correspondencia del banco.

Hagan estiramientos.

No se sientan culpables por no saber qué hacer con sus vidas. La gente más interesante que conozco no sabían que hacer con sus vidas cuando tenían 22 años. Algunas de las personas de 40 años más interesantes que conozco siguen sin saberlo.

Tomen mucho calcio. Cuídense las rodillas. Las echarán en falta cuando dejen de funcionarles.

Tal vez se casen, tal vez no. Quizá tengan hijos, quizá no. Puede que se divorcien a los 40 o puede que bailen el pollo loco en su 75º aniversario de bodas.

Hagan lo que hagan, no sean demasiado indulgentes con ustedes mismos. Tampoco sean excesivamente estrictos. Sus opciones rondarán siempre el 50%, como las de todo el mundo.

Disfruten de su cuerpo. Úsenlo de todas las maneras que puedan. No le tengan miedo ni se preocupen por lo que otras personas puedan pensar de él. Es el mejor instrumento que nunca tendrán.

Bailen. Incluso si no tienen más lugar para hacerlo que el salón de su casa.

Lean siempre las instrucciones aunque luego no las sigan.

No lean revistas de belleza. Solamente les harán sentir feos.

Llévense bien con sus padres. Nunca se sabe cuando van a dejar de estar ahí.

Traten bien a sus hermanos. Son su mejor enlace con el pasado y los únicos que les seguirán apoyando en el futuro.

Comprendan que las amistades van y vienen, pero que deben mantener a esas pocas que son preciosas.

Hagan lo posible por sobreponerse a las distancias geográficas y a las diferencias culturales ya que, cuanto más viejos se hagan, más necesitarán a la gente que les conocía de jóvenes.

Vivan en New York al menos una vez, pero váyanse antes de que les haga demasiado duros. Vivan en California al menos una vez, pero váyanse antes de que les haga demasiado blandos. Viajen.

Acepten algunas verdades inalienables: subirán los precios, los políticos les engañarán, ustedes también se harán viejos y, cuando lo sean, ustedes también fantasearán con que antes los precios eran más razonables, los políticos más honestos y los jóvenes más respetuosos con sus mayores.

Respeten a sus mayores.

No esperen que nadie les mantenga. Tal vez encuentren alguien dispuesto a invertir dinero en ustedes. Quizá se casen con una persona rica. Pero nunca sabrán cuando les van a dejar tirados.

No se hagan demasiadas porquerías en el pelo o a los 40 parecerá que lleva 80 años con ustedes.

Tengan cuidado con los consejos que reciben pero tengan paciencia con los que se los ofrecen. El consejo es una forma de nostalgia. Aconsejar a la gente es una forma de recuperar el pasado de la basura, limpiarlo, darle una capa de pintura y reciclarlo para que parezca mejor de lo que nunca fue.

Háganme caso en lo de la protección solar.”

(Traducido del inglés por Julkarn)

Steve Jobs

«Recordar que moriré pronto es la herramienta más importante que he encontrado para hacer las decisiones grandes en mi vida. Porque casi todo, todas las expectativas, el orgullo, el miedo a la vergüenza o fallo, todas esas cosas simplemente desaparecen cuando encaras a la muerte, dejando solamente aquello que es importante. Recordar que vas a morir es la mejor forma que conozco de evitar la trampa de sentir que tienes algo que perder. Ya estás desnudo. No hay razón para no seguir a tu corazón.»

— Steve Jobs (1955 – 2011)

La paternidad en la televisión

Los padres no son perfectos, pero siguen siendo hombres de bien, cariñosos, que hacen lo mejor que pueden para que sus familias sean felices. Pero los medios de comunicación a menudo nos quieren hacer pensar lo contrario. Su retrato del padre es tan patético como el perdedor que quieren pintarnos. En la televisión encontramos por todas partes padres vagos, memos, irresponsables, estúpidos. Son totalmente incompetentes para ayudar en casa, no digamos para criar a sus hijos. Por supuesto, las madres son profesionales sabelotodo y preciosas. Su coeficiente intelectual es diez veces mayor que el de su marido, y uno se pregunta en primer lugar por qué se casaron con esa birria de hombre con sobrepeso.
Muchos libros para niños siguen la misma fórmula. Papá Oso de Los Osos de Berenstain es tan inmaduro como sus hijos, si no peor. El padre de la serie de Henry y Mudge es afectuoso, pero algo así como un pato cojo. Y el padre en el Diary of a Wimpy Kid (Diario de Greg: un pringao total, Jeff Kinney) no es más que un perdedor.
Continue reading

La opinión ya no es de los magnates

Las actuales tribulaciones de Rupert Murdoch y de Silvio Berlusconi muestran que se puede ser un magnate de la prensa, sin ser capaz de dominar la opinión y de controlar la vida política. Si hay algún imperio mediático hoy día en el mundo, este es News Corporation, el grupo levantado por Rupert Murdoch, con ingresos de 23.200 millones de euros en 2010 y beneficios de 2.820 millones. Un emporio que mezcla periódicos serios influyentes (The Wall Street Journal, The Times), prensa sensacionalista (The Sun), múltiples periódicos en Australia, cadenas de televisión (Fox, parte de BSkyB), estudios cinematográficos (20th Century Fox), edición de libros (Harper Collins) y un larguísimo etcétera.

Este despliegue de medios ha hecho que tradicionalmente Murdoch sea presentado como una fuerza mediática capaz de levantar y derribar gobiernos. Su espaldarazo habría sido decisivo para el triunfo del Nuevo Laborismo de Tony Blair, y, después, para la consagración de David Cameron. En Estados Unidos, la cadena Fox se considera el ariete contra la Administración Obama, y News Corp. no tiene inconveniente en donar un millón de dólares a la Asociación de Gobernadores Republicanos.

Y, sin embargo, en unas escasas semanas Rupert Murdoch se ve obligado en el Reino Unido a tomar la dolorosa decisión de cerrar el millonario tabloide News of the World, y de retirar su OPA sobre la plataforma de televisión BSkyB, pocas horas antes de que se debatiera en los Comunes una moción, que tenía el apoyo de todos los grandes partidos, para pedir a Murdoch que renunciara a esa operación de 8.000 millones de euros. Y además Cameron anunciaba la puesta en marcha de una comisión de investigación sobre las escuchas ilegales, con poderes para obligar a declarar bajo juramento, a la que los Murdoch han sido convocados. Ahora el gobierno y la oposición parecen rivalizar en su indignación y su agresividad contra el periodismo sensacionalista e invasor de la privacidad, alentado por los directivos de News Corp.

Lo curioso es que en pocas semanas el imperio de Murdoch en el que no se ponía el sol parece haberse eclipsado. Pero ¿no se nos decía que la influencia política de Murdoch era determinante en la política británica? ¿Que los políticos le rendían pleitesía para ganarse su favor? Ahora los mismos periodistas que denunciaban el poder omnímodo de News Corp. se ven obligados a explicar cómo es que los políticos buscan la yugular de Murdoch y la opinión pública que compra su prensa le reprocha sus métodos.

Lo más probable es que antes se exagerara la capacidad de influencia de Murdoch sobre el público y que ahora se dramatice su revés, imitando así el estilo sensacionalista que se reprocha a los tabloides.

Lavado televisivo de cerebro

También era opinión común que Silvio Berlusconi tenía en un puño a la opinión pública italiana con su hegemonía televisiva en la península, en la que se sumaba la cadena privada Mediaset y su influencia en la RAI a través del gobierno. Tras ganar varias elecciones, la última hace tres años, la oposición se desesperaba con los votantes, que seguían apoyando a Berlusconi a pesar de sus escándalos. Todo se explicaba por el lavado televisivo de cerebro.

Pero el mes pasado la mayoría de los electores respaldaron en referéndum cuatro iniciativas propuestas por la oposición (sobre energía nuclear, propiedad del agua, permiso para que el primer ministro y los ministros no acudan a juicio), desoyendo la invitación a la abstención del jefe del gobierno. Participó el 55,8% del cuerpo electoral, por encima del 50% necesario para que las consultas fueran vinculantes, y, como cabía esperar, casi el 95% de los que fueron a votar apoyaron las propuestas.

¿Cómo una opinión pública tan manipulada ha podido desautorizar al manipulador? Los cronistas que antes denunciaban el letargo del cuerpo electoral ahora saludan su despertar: “La opinión pública italiana, a la que muchos daban por anestesiada…” (entre esos muchos, el corresponsal de El País que escribe eso). De repente se descubre que “pese a haber vivido una larga era de manipulación y propaganda, la cultura política sigue viva en Italia”. La alegría permite al corresponsal abandonarse al lirismo: “Los italianos han hablado como un pueblo libre y han dado una lección de pasión democrática”. Se sobreentiende que cuando votaban a Berlusconi lo hacían como un pueblo esclavo.

Es fácil convencerse de que cuando la gente vota algo que no nos gusta es porque ha sido intoxicada y manipulada. Pero no estamos en regímenes de prensa y partido únicos. Hoy día en Europa hay la suficiente variedad de medios de prensa como para que ningún grupo imponga su visión particular y todos estén sometidos al escrutinio de otros. También en el caso de los problemas de Rupert Murdoch, ha sido otro medio, The Guardian, el que ha ido desvelando las prácticas fraudulentas de News of the World.

Los magnates pueden comprar periódicos, pero no son dueños de la opinión.

Un mundo de suma cero

En los años dorados de la globalización se decía que todos los países salían ganado con ella. Pero ahora algunos detectan que hemos entrado en un “mundo de suma cero”, un mundo en el que los unos ganan porque los otros pierden. Según este diagnóstico, un alto nivel de integración económica no supondría el fin de las rivalidades estratégicas y de los previsibles conflictos. Continue reading