El liberalismo como tradición ética

En su último libro, Por qué debemos llamarnos cristianos (1), el senador italiano Marcello Pera analiza la íntima relación entre un planteamiento liberal bien entendido y los valores cristianos. También denuncia los contraproducentes resultados de una laicidad llevada al extremo de avergonzar a Europa de su propia identidad.

Una carta de Benedicto XVI precede al texto de Pera, un ensayo que parece recoger, desde Europa, el guante lanzado al Viejo Continente por George Weigel en Política sin Dios. Ya en 2004 Pera, político y profesor de Filosofía en las universidades de Catania y Pisa, había unido su firma, en un libro, a la de Joseph Ratzinger, a propósito del tema de las raíces cristianas de Europa (cfr. Aceprensa, 14-06-2006).

Conocida es la disposición de Pera a aceptar la exhortación que el Papa ha dirigido a los no creyentes, entre quienes se cuenta: seguir la vieja fórmula de Pascal y de Kant de vivir “como si Dios existiese” (velut si Deus daretur). “La tengo por una solución sabia –ha dicho Pera–, porque nos hace a todos moralmente más responsables. Si Dios existe, existen también límites morales a mis acciones, comportamientos, decisiones, proyectos, leyes”.

El defecto del actual liberalismo

En este nuevo título, Marcello Pera, nacido en 1943 y amigo cercano de Karl Popper, hace un llamamiento a poner orden en el reblandecimiento de ideas que asedia al programa liberal, confundido y desorientado entre la disolución relativista y lo políticamente correcto. Para hallar un rodrigón firme vuelve Pera sobre la necesidad de remitirse a la radicalidad cristiana de la cultura europea. Pero también se trata de conjurar los peligros absolutizadores de lo que llama la “ecuación laica”, con el riesgo de que la premisa “el Estado liberal es laico” pueda degenerar en que el Estado liberal tiene la “religión de la laicidad”, una sacralización de la política que ha descrito Emilio Gentile como un avance hacia al totalitarismo.

Según Pera, “el defecto principal del actual liberalismo ha sido el de recluirse en una dimensión sólo política y procedimental, y el de olvidar que es una tradición con específicos y densos contenidos éticos que hunde sus raíces en la historia europea, de la cual es parte esencial la historia cristiana de Europa, incluida la Reforma”. Una observación que glosa en su carta Benedicto XVI al decir que “el liberalismo, sin dejar de ser liberalismo, más bien, para ser fiel a sí mismo, puede referirse a una doctrina del bien, en particular a la cristiana, que le es familiar, ofreciendo así verdaderamente una contribución para superar la crisis”.

Falacia del multiculturalismo

También ha merecido especial comentario del Papa la forma en que Pera trata el asunto del multiculturalismo, mostrando, en palabras del pontífice, “la contradicción interna de este concepto y, por tanto, su imposibilidad política y cultural”.

El filósofo italiano repasa en efecto todos los argumentos que se esgrimen a favor del multiculturalismo, concediendo, cuando procede, la verdad de muchas de sus razones. No admite, en cambio, una valoración de la cultura que pretenda sobreponerla al individuo y consagrar la intocabilidad de rasgos que se proponen como superestructuras sociales al margen de la condición humana: “Del hecho –señala el autor– de que los individuos no puedan ser lo que son sin una cultura, no se sigue que tal cultura exista independientemente de aquel individuo, como un club en el que éste se inscribiera”.

Por eso, pues, no pueden invocarse derechos en nombre de la diferencia si esto implica desconocer valores sociales imprescindibles: “Conceder o no conceder derechos de grupo depende de la cualidad de los derechos reclamados, de su conformidad con los derechos fundamentales garantizados a los ciudadanos en la sociedad amplia”.

En la línea de lo que ha señalado Pascal Bruckner en su Tiranía de la penitencia, Pera deplora la forma en que el multiculturalismo ha hecho nacer en los europeos un “complejo de culpa”. Por lo demás, el autor hace ver que una ojeada a la integración de los inmigrantes en Europa revela que no han sido eficaces las políticas con que la mentalidad multicultural pretendía cumplir aquel propósito; antes bien, haciendo fuertes las reivindicaciones de ciertos colectivos extranjeros sobre el mantenimiento de formas de vida notablemente ajenas a las del país receptor, el dogma multiculturalista ha contribuido a la creación de guetos o enclaves en los que lo cultural agrava las ya naturalmente periféricas condiciones en las que suelen establecerse los inmigrantes (Ver “La diversidad es perfectamente asumible”, Aceprensa, 18-03-2009).

En el mismo sentido, Benedicto XVI ha reconocido al libro de Pera el acierto de explicar que “un diálogo interreligioso en el sentido estricto de la palabra no es posible, mientras que es particularmente urgente el diálogo intercultural, que profundiza en las consecuencias culturales de la decisión religiosa de fondo. Si bien sobre esta última un verdadero diálogo no es posible sin poner entre paréntesis la propia fe, es necesario afrontar en el debate público las consecuencias culturales de las decisiones religiosas de fondo”, ha escrito el Papa.

Pronunciándose en efecto por un diálogo intercultural, Pera alude a la necesidad de relacionar las religiones con la verdad y el bien que buscan y con el modo de buscarlos, de manera que pueda valorarse lo que ellas aportan al desarrollo individual y social. Trascendiendo los miedos, los tabúes y la inocua tentación de lo sincrético (habla de un “islamocristianismo” imposible), el ex presidente del Senado italiano defiende que el comparativo “mejor” vuelva a incorporarse a las reflexiones y a los juicios que nuestro tiempo no puede menos que reclamar.

Diez razones para llamarse cristianos

De modo muy concreto, Pera concentra en forma de “decálogo” las razones por las que los liberales deben admitir sus raíces cristianas. Según esto, deben hacerlo:

Si guardan memoria de que la idea de la libertad humana arraiga en el pensamiento cristiano, que confirió al hombre la dignidad de una criatura a imagen y semejanza de Dios, y que, contra la incertidumbre relativista de múltiples verdades, proclama que “la verdad os hará libres”.

Si tienen conciencia de las dificultades de su doctrina y de la crisis de sus sociedades, pues según Pera la sociedad liberal es una unidad moral y espiritual que requiere de un revestimiento doctrinal adecuado y de virtudes a propósito.

Si comprenden que el liberalismo no puede ser autosuficiente, sino que su construcción depende de una elección que, en cuanto movida por la responsabilidad y la benevolencia hacia el prójimo, es una elección de matriz cristiana.

Si quieren resolver el problema de la estabilidad social, pues la libertad individual requiere, para no transformarse en violencia y caos, un límite y un sentido del pecado o de lo no negociable que sería siempre artificial si se confiase sólo a la imposición del derecho positivo.

Si no se quiere ser etnocéntricos y reducir los derechos humanos a la condición de privilegios propios de ciertas culturas.

Si se quiere dar un fundamento conceptual y no meramente histórico y anticlerical de la separación entre Estado e Iglesia, pues Pera considera que, a pesar de las luchas por el poder temporal, el cristianismo despojó conceptualmente a la figura del césar de su condición divina y proveyó al hombre de una dignidad que procede de Dios, y que es distinta de la ciudadanía que le otorga el Estado.

Si quiere conjurar el peligro o la profecía de su autodestrucción, pues, como decía Juan Pablo II, “una democracia sin valores se convierte fácilmente en un totalitarismo visible o encubierto” (Centesimus annus, n. 46).

Si recuerdan las atrocidades sucedidas cuando Europa ha abandonado el cristianismo y se ha “hecho pagana”: Auschwitz y los gulags.

Si quieren resolver la crisis moral que vive Europa actualmente.

Si quieren conservar el orgullo de su civilización, sostenerla cuando se la pone en cuestión, promoverla cuando se enfrenta a algún obstáculo, defenderla cuando se la ataca.

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NOTAS

(1) Marcello Pera, Perchè dobbiamo dirci cristiani. Il liberalismo, l’Europa, l’etica. Mondadori. Milán (2008). 196 págs. 18 €.

“Se cruzaron nuestras miradas”

Dar a luz un hijo del que se sabe que vivirá pocas horas debido a enfermedades congénitas incurables es, sin lugar a dudas, una prueba extremamente difícil. Tal vez por eso algunas personas prefieren eliminarlo antes. No fue el caso de Diane Elder, una cantante profesional que decidió tener a su hija Angela, afecta de un grave problema genético llamado Trisomia 18, que vivió solo doce horas. Desde luego, no es el primer caso ni será el último de personas que se comportan así, pero pienso que es bueno saber que esta gente existe.

En una entrevista
en la CNN, Diana relató (ver video arriba, en inglés) que a pesar del dolor que tanto ella como su marido y su familia sufrieron desde  que se descubrió la enfermedad (cuatro meses antes del  nacimiento), cuando nació la niña todos se llenaron de “una increíble felicidad”. Muchos parientes y amigos acudieron al hospital apenas supieron la noticia, de modo que la niña –que nació con deformidades- pasaba de unos brazos a otros…

Diane cuenta que Angela murió en su regazo y que sus miradas se cruzaron en varias ocasiones. “Murió pacíficamente. El sufrimiento fue nuestro. Durante dos semanas… en realidad, todo un año, la lloramos, como se llora a un ser querido que muere. Es parte normal de la vida. No puedes evitar el hecho de la enfermedad y la muerte. Pero nos sentimos muy tranquilos cuando todo terminó”. Por el contexto y el modo de decirlo, se entiende que la tranquilidad de la que habla es la de quien siente que ha hecho lo que tenía que hacer. (transcripción de sus palabras, en inglés).

Leido en http://www.laiglesiaenlaprensa.com/2009/06/se-cruzaron-nuestras-miradas.html

Los 10 peores países donde bloguear

Para los que mantienen un blog por diversión, interés profesional, escaparate de sus aficiones o cualquier otro motivo, puede resultar complicado asumir que hay países en los que bloguear puede ser considerado un delito que puede llevar a la cárcel a su autor. Y sin embargo, así ocurre.

La organización Committee to Protect Journalists ha difundido un informe con los 10 países donde es más arriesgado mantener una página personal en la Red. Para ello ha tenido en cuenta ocho criterios, como si hay blogueros encarcelados en el país, si deben hacer frente a amenazas o represiones, si se autocensuran para protegerse o si deben identificarse antes de poder bloguear.

A partir de esos criterios, la relación de los países donde es poco recomendable mantener un blog es la siguiente:

  1. Myanmar: Internet sufre la misma censura que el resto de medios de comunicación. Sólo el 1% de la población tiene acceso a la Red, principalmente a través de cibercafés. El gobierno monitorea correos electrónicos y otros métodos de comunicación. Al menos dos blogueros permanecen encarcelados, uno de ellos por mostrar imágenes del ciclón Nargis en 2008.
  2. Irán: escribir sobre figuras religiosas o políticas o la revolución Islámica y sus símbolos garantiza el acoso gubernamental. Los blogueros deben inscribirse en el Ministerio de Arte y Cultura. Omidreza Mirsayafi, preso por sus insultos a líderes religiosos, murió en la cárcel el pasado marzo en circunstancias no aclaradas.
  3. Siria: abundan los filtros y los controles a Internet, incluso en los cibercafés, que deben fichar a todos sus usuarios y entregar los datos a las autoridades.
  4. Cuba: sólo algunos miembros del gobierno y el Partido Comunista tienen acceso a Internet. Algunos blogueros independientes se las ingenian para contar el día a día de la isla, generalmente en dominios alojados fiera del país.
  5. Arabia Saudí: alrededor de 400.000 webs están censuradas en el país, la mayoría sobre temas políticos, sociales y religiosos. En 2008, alñgunos clérigos propusieron castigos como azotes o muerte para escritores online que publiquen material considerado herético.
  6. Vietnam. las autoridades han llegado a pedir a empresas como Yahoo, Google y Microsoft que les entreguen información sobre los blogueros que usan sus plataformas.
  7. Túnez: todo el tráfico de Internet pasa por una central donde se filtra el contenido y los mensajes de correo. Las ISPs deben entregar a las autoridades la dirección IP para identificar a los blogueros.
  8. China: los temas políticos son el principal tabú de un país con la mayor población online del planeta (300 millones de internautas) y el sistema de control más férreo. Al menos 24 blogueros permanecen encarcelados.
  9. Turkmenistán: los pocos que logran acceder a la Red desde esta república ex soviética deben hacerlo sufriendo el bloqueo a los sitios disidentes y el control de las comunicaciones por correo.
  10. Egipto: el tráfico de todos los ISP pasa por Telecom Egipto, controlada por el estado. El año pasado se detuvo al menos a 100 blogueros críticos con el gobierno, algunos retenidos durante meses y muchos sin órdenes judiciales.

http://www.baquia.com/noticias.php?id=14951

The 101 Greatest Goals of 2008/2009

1. Gretar Steinsson (Bolton v Stoke, August 16, 2008), 2. Lucas Barrios (Colo Colo v Santiago Morning, August 30, 2008), 3. Alexander Baumjohann (Monchengladbach v Werder Bremen, August 30, 2008) (0.21 seconds in), 4. Ibrahim Afellay (PSV v Utrecht, August 30, 2008), 5. Andreas Granqvist (Groningen v Utrecht, September 14, 2008), 6. Moussa Dembele (Willem II v AZ Alkmaar, September 26, 2008), 7. Frane Vitaic (Otelul Galati v Farul Constanta, September 26, 2008), 8. Zlatan Ibrahimovic (Inter Milan v Bologna, October 4, 2008), 9. Matthew Taylor (West Ham v Bolton, October 5, 2008), 10. Peter Crouch (Portsmouth v Stoke, October 5, 2008)

11. Fausto Rossini (Livorno v Frosinone, October 11, 2008), 12. Amr Zaki (Liverpool v Wigan, October 18, 2008), 13. Yoann Gourcuff (Bordeaux v Toulouse, October 18, 2008), 14. Alessandro Del Piero (Juventus v Real Madrid, October 21, 2008), 15. Marco Antonio “Pikolin” Palacios (Pumas v Houston Dynamo, October 22, 2008), 16. Roman Monarev (Shinnik Yaroslavl v Spartak Nalchik, October 22, 2008), 17. Remi Mareval (Nantes v Marseille, October 29, 2008), 18. David Bentley (Arsenal v Tottenham, October 29, 2008), 19. Frank Lampard (Hull v Chelsea, October 29, 2008), 20. Giorgos Karagounis (Werder Bremen v Panathinaikos, November 4, 2008)

21. Danny Welbeck (Manchester United v Stoke, November 15, 2008), 22. Zlatan Ibrahimovic (Palermo v Inter Milan, November 15, 2008), 23. Elano (Brazil v Portugal, November 19, 2008), 24. Glen Johnson (Portsmouth v Hull, November 22, 2008) (5.30 minutes in), 25. Peter Madsen (Sonderjyske v Brondby, November 23, 2008), 26. Xabi Castillo (Real Sociedad v Huesca, November 23, 2008), 27. Anderson (Benfica v Vitoria Setubal, December 1, 2008), 28. Sloan Privat (Sochaux v Caen, December 13, 2008), 29. Johan Elmander (Aston Villa v Bolton, December 13, 2008), 30. Marama Vahirua (Le Harve v Lorient, December 13, 2008)

31. Pedro Lopez (Valladolid v Deportivo La Coruna, December 14, 2008), 32. Sebastian Leto (Olympiakos v Thrasyvoulos, December 20, 2008), 33. Diego Biseswar (Feyenoord v NAC, December 26, 2008), 34. Christian Rodriguez (Nacional v Porto, January 4, 2008), 35. Arjen Robben (Real Madrid v Villarreal, January 4, 2008), 36. Yoann Gourcuff (Bordeaux v PSG, January 11, 2009), 37. Angel di Maria (Benfica v Olhanense, January 14, 2009), 38. Fabien Delph (Brighton v Leeds, January 17, 2009) (0.20 minutes in), 39. Julio Baptista (Roma v Torino, January 18, 2009), 40. Paul Konchesky (West Ham v Fulham, January 18, 2009)

41. Walter (Brazil U20 v Paraguay U20, January 20, 2009) (0.08 minutes in), 42. Nene (Nacional v Sporting Lisbon, January 24, 2009), 43. Frank Lampard (Chelsea v Ipswich, January 24, 2009), 44. Jose Callejon (Barcelona v Espanyol, January 29, 2009), 45. Fabio Quagliarella (Napoli v Udinese, January 31, 2009), 46. Simon Cox (Swindon v Walsall, January 31, 2009), 47. Rodrigo Tello (Besiktas v Antalyaspor, February 1, 2009), 48. Diego Biseswar (Feyenoord v Sparta, February 4, 2009), 49. Eliran Atar (Bnei Yehuda v Maccabi Netanya, February 7, 2009), 50. Emmanouil Papasterianos (Ergotelis v Iraklis, February 8, 2009)

51. Mirko Vucinic (Roma v Genoa, February 8, 2009), 52. Robinho (Brazil v Italy, February 10, 2009), 53. Roger Guerreiro (Wales v Poland, February 11, 2009), 54. Fabio Coentrao (Porto v Rio Ave, February 15, 2009), 55. Victor Hugo Lojero Alexanderson (Cruz Azul v San Luis, February 18, 2009), 56. Kevin Kuranyi (Schalke v Borussia Dortmund, February 20, 2009), 57. Ivan de la Pena (Barcelona v Espanyol, February 21, 2009), 58. Zoltan Hercegfalvi (Vasas Budapest v Honved Budapest, February 21, 2009), 59. Blaise Matuidi (St. Etienne v Bordeaux, February 22, 2009), 60. Juninho Pernambucano (Lyon v Barcelona, February 24, 2009),

61. Mark Crosas (Celtic reserves v Hearts reserves, February 24, 2009), 62. Hatem Ben Arfa (Twente v Marseille, February 25, 2009), 63. Diego Forlan (Atletico Madrid v Barcelona, March 1, 2009), 64. Giuseppe Mascara (Palermo v Catania, March 1, 2009), 65. Julien Feret (PSG v Nancy, March 1, 2009), 66. Cristian Alvarez (Beitar Jerusalem v Maccabi Haifa, March 2, 2009) (1.05 minutes in), 67. Fabio Bilica (Fenerbahce v Sivasspor, March 4, 2009), 68. Carlton Cole (Wigan v West Ham, March 4, 2009), 69. Eden Hazard (Lille v Lyon, March 4, 2009), 70. Eduardo da Silva (Arsenal v Burnley, March 8, 2009)

71. Vincenzo Iaquinta (Juventus v Chelsea, March 10, 2009), 72. Zlatan Ibrahimovic (Inter Milan v Fiorentina, March 15, 2009), 73. Giuseppe Mascara (Udinese v Catania, March 15, 2009), 74. Bojan Krkic (Almeria v Barcelona, March 15, 2009), 75. Kenny Cooper (FC Dallas v Chicago Fire, March 21, 2009), 76. Gary Brown (Blyth Spartans v Stafford Rangers, March 21, 2009) (4.50 minutes in), 77. Michalis Konstantinou (assist Efstathios Aloneftis) (Omonia Nicosia v Anorthosis Famagusta, March 21, 2009), 78. Michael Welch (Altrincham v Crawley, March 21, 2009), 79. Emil Johansson (Elfsborg v Hammarby, April 4, 2009), 80. Morgan Amalfitano (Grenoble v Lorient, April 4, 2009)

81. Grafite (Wolfsburg v Bayern Munich, April 4, 2009), 82. Emmanuel Adebayor (Villarreal v Arsenal, April 7, 2009), 83. Ragnar Sigurdsson (IFK Gothenburg v Djurgarden, April 11, 2009), 84. Fernando Torres (Liverpool v Blackburn, April 11, 2009), 85. Luis Angel Landin (Morelia v Cruz Azul, April 11, 2009), 86. Cristiano Ronaldo (Porto v Manchester United, April 15, 2009), 87. Ibrahima Yattara (Trabzonspor v Genclerbirligi, April 17, 2009), 88. Roberto Merino (Salernitana v Albinoleffe, April 17, 2009), 89. Achille Emana (Real Betis v Sporting Gijon, April 19, 2009), 90. Ailton Almeida (Horsens v FC Copenhagen, April 25, 2009)

91. Cristian Bolanos (Start Kristiansand v Tromso, April 26, 2009), 92. Cleiton Xavier (Colo Colo v Palmeiras, April 29, 2009), 93. Cristiano Ronaldo (Arsenal v Manchester United, May 5, 2009) (1st goal), 94. Cristiano Ronaldo (Arsenal v Manchester United, May 5, 2009) (2nd goal), 95. Michael Essien (Chelsea v Barcelona, May 6, 2009), 96. Nilmar (Corinthians v Internacional, May 10, 2009), 97. Ireneusz Jelen (PSG v Auxerre, May 16, 2009), 98. Cristiano Zanetti (Juventus v Atalanta, May 17, 2009), 99. Alex (Spartak Moscow v Amkar, May 23, 2009), 100. Nacho Novo (Rangers v Falkirk, May 30, 2009), 101. Juanfran (Osasuna v Real Madrid, May 31, 2009)

Las «patologías de la religión y de la razón», «peligros mortales para la paz»

Publicaciones de Joseph Card. Ratzinger en 2004
Autor: Joseph Card. Ratzinger

El purpurado alemán constata las amenazas de los fanatismos y del relativismo

«Existen patologías de la religión y de la razón» y «ambas constituyen peligros mortales para la paz y, me atrevería a decir, para la entera humanidad», afirma el cardenal Joseph Ratzinger en una intervención recién publicada en Italia.

«Si la imagen de Dios se convierte en algo parcial hasta identificar el absoluto de Dios con una comunidad concreta o con ciertos intereses de la misma, destruye el derecho y la moral», indica el cardenal en un artículo publicado por la revista «Vita e Pensiero».

«El bien, en este contexto, es lo que está al servicio de mi potencia y se desvanece la diferencia entre el bien y el mal. La moral y el derecho se hacen partidarios», añade.

El texto publica por primera vez la intervención del prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe con motivo del sexagésimo aniversario del desembarco de Normandía, del pasado 4 de junio, en cuyas celebraciones participó en representación de Juan Pablo II.

«Pero existe también la patología de la razón totalmente separada de Dios», subraya Ratzinger en el artículo que lleva por título «Occidente, Islam y los fundamentos de la paz». «La hemos visto en las ideologías totalitarias que negaban toda relación con Dios e intentaban así construir el hombre nuevo, el mundo nuevo».

En este sentido, el cardenal cita los ejemplos de Adolf Hitler, «de los realizadores del marxismo» y de Pol Pot, «quizá la expresión más dramática de esta patología de la razón».

«Sólo una razón que se mantenga abierta a Dios, una razón que no exilia la moral a la esfera subjetiva y no la reduce a puro cálculo, puede evitar la manipulación de la noción de Dios y las enfermedades de la religión y puede ofrecer alguna terapia», escribe.

El cardenal considera que en este sentido los cristianos deben afrontar un «gran desafío».

«Su tarea, nuestra tarea –afirma–, consiste en llevar a la razón a funcionar integralmente, no sólo en el campo de la técnica y del desarrollo material del mundo sino también y, antes que nada, en cuanto facultad de verdad, promoviendo su capacidad de reconocer el bien, que es condición del derecho y, por ello, presupuesto de la paz en el mundo».

Por ello, añade, «Es tarea específica nuestra, de cristianos del tiempo presente, la de integrar la noción de Dios en la lucha por la defensa de la persona humana».

Ratzinger recuerda que «la fe cristiana ha suprimido, siguiendo el camino de Cristo, la idea de la teocracia política».

«Para decirlo en términos actuales, ha fundamentado la laicidad del Estado en el que los cristianos conviven, en libertad, con los exponentes de otras convicciones».

«Una convivencia fundada por otra parte en la común responsabilidad moral, propia de la naturaleza humana y de la naturaleza de la justicia».

«La fe cristiana distingue entre esta forma secular y el Reino de Dios que, como realidad política no existe y no puede existir en esta tierra, pero que vive en la fe, en la esperanza y en la caridad y debe transformar el mundo desde dentro».

Ratzinger cita las palabras del filósofo de la República Checa, el profesor de Filosofía en la Universidad de Kiel, Kurt Hübner: «Sólo podremos evitar el conflicto con las culturas que hoy nos son hostiles si logramos desmentir el vehemente reproche de haber olvidado a Dios, volviendo a ser plenamente conscientes del arraigo profundo de nuestra cultura en el cristianismo».

«Ciertamente esto no bastará para cancelar el resentimiento producido por la superioridad occidental que, en muchos campos, caracteriza la vida de nuestro tiempo pero podrá contribuir, en medida significativa, a apagar el fuego religioso que, como se puede observar, se alimenta naturalmente», añade.

El cardenal concluye afirmando que «si no somos fieles a la memoria del Dios de la Biblia, del Dios que se ha hecho cercano en Jesucristo, no encontraremos el camino de la paz».

Sören Kierkegaard

Ejercitación del cristianismo (fragmento)

¿Puede llegarse a saber por la historia algo acerca de Cristo?

No. ¿Por qué no? Porque, en general, nada puede “saberse” acerca de “Cristo”; es la paradoja, objeto de fe, solamente para la fe. Pero toda comunicación histórica es comunicación del “saber”, por lo tanto, por la historia no puede llegarse a saber nada sobre Cristo. Pues si se logra saber poco o mucho o algo acerca de El, deja de ser El que es en verdad. De esta manera se logra saber sobre El algo distinto de lo que era, consiguientemente no se llega a saber nada sobre El, o se sabe algo inauténtico, es un engaño. La historia hace de Cristo otra cosa de lo que en verdad era y así se llega a saber por la historia mucho acerca de ¿Cristo? No, no es acerca de Cristo, ya que sobre El nada se puede saber, solamente ha de ser creído.

¿Puede demostrarse por la historia que Cristo era Dios?

Permítaseme hacer primero otra pregunta : ¿puede pensarse, en general, una contradicción más disparatada que la de querer demostrar (por lo pronto es indiferente que ello pretenda demostrarse por la historia o no importa por qué otra cosa del mundo), que un hombre particular es Dios? Que un hombre particular sea Dios, es decir, que diga que lo es, es ciertamente el escándalo. mas ¿qué cosa es el escándalo, lo escandaloso? Lo que pugna contra toda (humana) razón. ¡Y esto es lo que se quiere demostrar! Pero “demostrar” significa convertir algo en racionalreal dado. ¿Puede lo que contradice toda razón convertirse en lo racional-real?, desde luego que no, si es que uno no desea contradecirse a sí mismo. Lo único que se puede “demostrar” es que pugna contra la razón. Las pruebas de la divinidad de Cristo que trae la Escritura: sus milagros, su resurrección de entre los muertos, su ascensión a los cielos, lo son también solamente para la fe, es decir, que no son “pruebas” ; ciertamente no intentan demostrar que todo esto se concilia con la razón, sino todo lo contrario, que contradice a la razón y es, por lo tanto, objeto para la fe.

Sin embargo, vayamos a las pruebas de la historia.

—”¿No se cumplen ahora 1.800 años desde que Cristo vivió, no es su nombre anunciado y creído por toda la faz de la tierra, su doctrina (el cristianismo) no ha transformado la semblanza del mundo, atravesado victoriosa todas las relaciones : y la historia no ha hecho bueno de esta manera suficientemente, más que suficientemente, lo que El era, que El era Dios?”

No, la historia no ha hecho esto bueno ni suficientemente ni más que suficientemente, la historia no puede por toda la eternidad hacerlo bueno. Con todo, por lo que respecta a lo primero, es muy verdadero que su nombre es predicado por todo el mundo -si es creído, no me toca decidirlo ahora-; es muy verdadero que el cristianismo ha transformado la semblanza del mundo, atravesado victorioso todas las relaciones, tan victoriosamente que todos se tienen ahora por cristianos.

Pero ¿qué demuestra todo esto? Lo más que puede demostrar es que Jesucristo ha sido un hombre grande, quizás el más grande de todos. Pero que El fuera Dios – no, párate, esta conclusión está con la ayuda divina condenada al fracaso.

Se comienza -en tanto se preludia esa conclusión- con el supuesto de que Jesucristo era un hombre, y de este modo se considera a la historia de los 1800 años (las consecuencias de su vida como algo capaz de alcanzar así de una manera superlativa, incesantemente creciente, la conclusión: grande, mayor, máximo, sobre manera y sorprendentemente el mayor de los hombres que jamás haya existido. Se comienza, por el contrario, con el supuesto (el de la fe) de que El era Dios, entonces se han tachado de un plumazo y quedan anulados los 1800 años, que ni quitan ni ponen, ni demuestran nada en pro o en contra, porque la sabiduría de la fe es infinitamente más alta, Evidentemente deberá empezarse de una de estas dos maneras; si se comienza por la última todo está en orden.

Si se comienza por la primera, entonces no se puede sacar conclusivamente de repente la nueva cualidad: “Dios”, como si la consecuencia o las consecuencias de: una vida de hombre demostraran de pronto en uno u otro tramo que ese hombre era Dios. Si esto procediese, se debería también poder dar respuesta a la pregunta siguiente : ¿cuáles tendrían que ser las consecuencias, cuán grandes los resultados, cuántos siglos serían necesarios para lograr saber a ciencia cierta por las consecuencias de una vida de “hombre” (éste es cabalmente el supuesto) que él era Dios?

Como si quizá tuviera pies y cabeza el afirmar que en el año 300 no estaba todavía demostrado que Cristo era Dios, aunque se barruntaba algo, ya que era un poco más que el sobremanera y sorprendentemente mayor de los hombres que jamás haya existido, ¡pero faltando todavía algunos siglos para hacerlo bueno!

En tal caso se puede seguramente concluir con buena probabilidad que los que vivían en el año 300 no consideraban a Cristo como Dios, y mucho menos los que vivieron en el siglo primero, de modo que la seguridad de que era Dios iría creciendo, desde luego, con los siglos, siendo la del nuestro, la del siglo xix, la máxima que hasta la fecha haya podido alcanzarse, una seguridad que comparada con la de los primeros siglos les parecería a éstos apenas sospechable. En el fondo importa un comino el que se responda o no se responda a esta pregunta.

¿Qué significa esto en general? ¿Será posible que con la consideración de las consecuencias crecientes de algo esté permitido con una simple conclusión sacar de ello una otra cualidad que la del supuesto? ¿No es una demencia (si es que ya el hombre no es demente) que el primer juicio, que es el de la suposición de la que se parte, pueda errarse hasta tal extremo que se yerre una cualidad de lo debido? Y cuando se comienza con este error, ¿cómo puede serse en algún punto determinado capaz de ver en las consecuencias que es una completamente otra, una infinitamente distinta cualidad de la que se trata? Una huella en un camino es ciertamente una consecuencia de que alguien ha se guido ese camino. Yo puedo ir inmediatamente allí a suponer equivocadamente que era la de un pájaro, pero con una inspección más cercana, siguiendo más la huella, me persuado que ha tenido que ser otro animal. Bien; pero aquí no se trata de un cambio de cualidad infinita. ¿Pero puedo yo por más cercanamente que mire o siguiendo más lejos tal huella, llegar en uno u otro tramo a la conclusión: ergo es un espíritu el que ha seguido este camino, un espíritu que no deja tras sí ninguna huella? Así acontece al concluir de las consecuencias -lo supuesto – de una existencia humana: ergo era Dios. ¿Se asemejan entonces Dios y hombre hasta tal grado, hay tan pequeña diferencia entre ambos, que yo, si no soy demente, pueda empezar con la suposición de que ha sido un hombre? Y de otra parte, ¿no ha dicho Cristo que él era Dios? Si se asemejan Dios y hombre hasta tal grado, si tienen tal parentesco, y consiguientemente caen bajo la misma cualidad esencial, entonces la conclusión “ergo era Dios” es como quiera que se la considere una patraña ; pues si ser Dios no es otra cosa, en tal caso Dios no existe. Pero existiendo Dios, y, por lo tanto, distinto con la infinita diferencia de cualidad del ser-hombre, entonces si yo, o cualquiera que sea, empieza con el supuesto de que ha sido hombre, no podrá por toda la eternidad sacar la conclusión que, desde luego, era Dios. Cualquiera sólo un poco dialécticamente desarrollado debe ver con facilidad que toda la cuestión de las consecuencias es inconmensurable con la decisión de si era Dios, y que esta decisión se le presenta al hombre de una manera muy distinta: la de si quiere creer lo que El dijo ser, que era Dios, o no quiere creerlo.

Esto es, entendido dialécticamente -entendido significa que se toma tiempo para entenderlo-, suficiente para impedir aquella conclusión de las consecuencias de la vida de Cristo : ergo era Dios. Pero la fe como instancia opone una réplica todavía más extrema contra todo intento de pretender acercarse a Jesucristo, sabiéndolo con la ayuda de lo tomado de la historia, que ha conservado las consecuencias de la vida de Cristo. La protesta de la fe es que todo este intento es una blasfemia. La protesta de la fe es que el único argumento que la incredulidad dejó en pie, después de haber derrocado todos los restantes de la verdad del cristianismo, ese argumento -¡sí, está singularmente desarrollado!- que la incredulidad inventó, y lo inventó para demostrar la verdad del cristianismo -¡magnífico, la incredulidad inventa argumentos para la defensa del cristianismo!-, ese argumento con el que en la cristiandad se ha alcanzado tanta pompa, el argumento de los 1800 años, según la protesta de la fe representa una blasfemia.

Con relación a un hombre sí vale el que las consecuencias de su vida son más importantes que su vida Entonces, cuando para lograr saber quién era Cristo y concluirlo mirando las consecuencias de su vida se le convierte eo ipso en un hombre, un hombre que igualmente que los demás hombres deberá afrontar su examen en la historia, la cual, sin embargo, es por lo demás en este caso un examinador tan mediocre como un seminarista en latín.

Pero, ¡ qué extraño! Se quiere, con ayuda de la historia, con la consideración de las consecuencias de su vida, alcanzar concluyente aquel ergo : ergo era Dios, mientras la fe hace cabalmente la afirmación contraria, que quien, en general, comienza con este silogismo, comienza con una blasfemia. La blasfemia no consiste todavía en la suposición de que El era un hombre. No, la blasfemia radica, en lo cual se funda toda la empresa, en el pensamiento, sin el cual no se empezaría, en el pensamiento de cuya legitimidad consiguientemente se está persuadísimo en cuanto también vale en relación con Cristo, en el pensamiento de que las consecuencias de su vida son más importantes que su vida, es decir, que era un hombre. Hipotéticamente se dice: Supongamos que Cristo era un hombre, pero como fundamento de esta hipótesis, que todavía no es blasfemia, yace el aserto de que la consideración de que las consecuencias de la vida de uno son más importantes que su propia vida tiene su aplicación en el caso de Cristo. Si no se supone esto, entonces se admite que toda la propia empresa carece de sentido; se admite y se empieza con ello, y ¿por qué se pretende empezar de esta manera? Si se empieza, suponiendo esto, la blasfemia está en marcha. Y cuánto más se hunda en la consideración de las consecuencias, pero con la pretensión de llegar a concluir si El era o no perentoriamente Dios, más blasfemia es la conducta de tal pretendiente, y lo es en cada momento que la consideración dure.

Extraño: se pretende que si se consideran rectamente a fondo las consecuencias de la vida de Cristo se puede llegar de perillas a aquel ergo – y la fe sentencia que el primer paso de este intento es ya un burlarse de Dios, y, por lo tanto, la continuación un creciente burlarse de Dios. “La historia”, dice la fe, no tiene nada que hacer con Jesucristo; con relación a El solamente se posee la historia sagrada (la cual es cualitativamente distinta de la historia en general), que relata el palmarés de su vida en la situación de la humillación y que, a la par, El dijo ser Dios. El es la paradoja, que la historia jamás podrá condimentar o transmutar en un silogismo corriente. El es en su humillación el mismo que en su elevación – pero los 1800 años, y aunque se convirtieran en 18000, no tienen nada que hacer en ello. Las brillantes consecuencias de la historia mundial, que casi llegan a convencer incluso a un profesor de historia de que El era Dios, no son de ninguna manera, a pesar de lo brillantes, su vuelta en majestad. Sin embargo, esta es la opi nión acostumbrada; lo que manifiesta de seguido que se hace de Cristo un hombre, cuya vuelta en majestad no es otra cosa que las consecuencias de su vida en la historia -cuando la vuelta de Cristo en majestad es algo totalmente distinto de eso, algo que se cree-. El se humilló y fue envuelto en harapos. El volverá de nuevo en majestad, pero las brillantes consecuencias, sobre todo si se las considera de cerca, son una majestad demasiado andrajosa, en todo caso inidentificable completamente, acerca de la cual, naturalmente, no habla jamás la fe, cuando habla de Su majestad. El existe, por ende, todavía constantemente solo en su humillación, hasta que -lo que es creído- vuelva de nuevo en majestad. La historia puede ser una ciencia espléndida, pero no debe arrogarse ilusa el poder -que ejercitará el Padre -de revestir a Cristo de su majestad, mientras le arropa con el manto de las brillantes consecuencias, como si fuera ése el de la vuelta. Que El en la humillación era Dios, que volverá nuevamente en majestad, es algo que sobrepasa peculiarmente la razón de la historia, que no puede sin una incomparable falta de dialéctica sacarse de la historia, por muy incomparablemente que se la considere”.

¡Extraño! , y así se ha pretendido precisamente usar la historia para demostrar que Cristo era Dios.

¿Son las consecuencias de la vida de Cristo más importantes que su vida?

No, de ninguna manera, precisamente todo lo contrario; si fuese ése el caso, entonces Cristo sería solamente un hombre.

No es, desde luego, nada admirable que un hombre haya vivido; han vivido ya ciertamente millones y millones de hombres. Para que esto sea admirable tendrá que poseer su vida una admirabilidad, es decir, la admirabilidad que sobrevenga primariamente a la vida de un hombre por otra parte. No es admirable que El haya vivido, pero su vida encerraba varias cosas admirables. Entre éstas cabe también lo que El ha ejecutado, las consecuencias de su vida.

Pero que Dios haya vivido aquí en la tierra como un hombre particular, es infinitamente admirable. Aunque esto no haya tenido ninguna consecuencia, es lo mismo, permanece tan admirable, infinitamente admirable, infinitamente más admirable que todas las consecuencias. Intenta ahora resaltar la admirabilidad en otro sitio y podrás ver fácilmente lo demente : ¿Qué tendría de admirable que la vida de Dios haya tenido consecuencias admirables? Hablar de este modo es cháchara.

No, el hecho de que Dios haya vivido es lo infinitamente admirable, lo en sí y por sí mismo admirable. Supuesto que la vida de Cristo no hubiera tenido ninguna consecuencia, entonces si alguien dijera que su vida no era admirable, incurriría en una blasfemia. Pues es igualmente admirable; y si habría que ha blar de admirabilidad de otra parte, tendría que ser : lo admirable de que su vida no haya tenido ninguna consecuencia. En contra, si alguien dice que la vida de Cristo es admirable en razón de las consecuencias, no hace sino incurrir continuamente en burla de Dios; pues ello es lo en sí y por sí mismo admirable.

El acento no afecta a que un hombre haya vivido, sino que cae infinitamente sobre el que Dios haya vivido. Solamente Dios puede poner tanto peso sobre sí mismo, que el hecho de que haya vivido sea infinitamente más importante que todas las consecuencias del mismo, registradas en la historia.

Leído en

http://hjg.com.ar/txt/sk/sk_ejer_63_71.html

Maltrato mediático sobre los abusos a niños en Irlanda

El informe de la Comisión de investigación irlandesa sobre abusos contra niños recluidos en instituciones públicas hace la luz sobre un pasado vergonzoso. Regentadas por congregaciones religiosas católicas y por otras instituciones, todo el sistema fue un terrible fracaso. Niños sometidos desde muy pequeños a un régimen draconiano, donde estaban muy extendidos los castigos corporales, el abuso sexual, el maltrato psicológico, y las malas condiciones de vida, de alimentación, de vestido, de atención sanitaria. A esas instituciones eran enviados por los tribunales pequeños delincuentes, huérfanos o niños abandonados. Al cabo de los años, 1190 de ellos han testificado ante la Comisión, que investigó el periodo comprendido entre 1936 y el fin de los años noventa, cuando estas instituciones fueron cerradas. Pero el informe advierte que la mayoría de las quejas se refieren a hechos anteriores a 1970.

El foco de la atención mediática se ha dirigido sobre las congregaciones religiosas, que gestionaban entonces estas instituciones. “La Iglesia católica ha maltratado a millares de niños…” es el tipo de titular más socorrido. Y sin duda las congregaciones religiosas responsables de esos internados tienen una grave responsabilidad. No solo porque eran los gestores diarios de esos centros, sino también porque de una institución cristiana dedicada a la educación de los niños se debe esperar un especial respeto a su dignidad. Por eso, el cardenal Sean Brady, primado de la Iglesia en Irlanda, se ha declarado “profundamente triste y avergonzado” por estos hechos.

Centrar la responsabilidad solo en las congregaciones católicas implicadas, puede ser un modo cómodo de pasar por alto las de los demás

Pero centrar la responsabilidad únicamente en las congregaciones católicas implicadas, puede ser un modo cómodo de pasar por alto las de los demás. El informe no las silencia. No es fácil que quienes han escrito estos días en los periódicos hayan leído el larguísimo texto (cinco volúmenes, con un total de 2.575 páginas), pero la síntesis de 30 páginas es suficiente para advertir otras responsabilidades que pocos mencionan.

En primer lugar, la responsabilidad de la sociedad irlandesa en el mantenimiento de un sistema de orfanatos y reformatorios obsoleto, que no fue inventado por la Iglesia católica. El informe “describe un sistema victoriano de atención de niños que no supo adaptarse a las condiciones del siglo XX y que no dio prioridad a las necesidades de los niños”.

Basta observar, por ejemplo, que el mayor de esos establecimientos (Artane) acogía hasta 830 niños, un número que “hacía imposible que cada niño recibiera un cuidado aceptable”. Sobre otro, Letterfrack, se dice que era “una institución inhóspita, sombría, aislada y accesible solo en bicicleta o en coche, fuera del alcance de las familias y amigos de los chicos ahí recluidos”. En Marlborough House, un centro para delincuentes juveniles dirigido directamente por el Ministerio de Educación, se dieron los mismos abusos que en otros.

El informe “describe un sistema victoriano de atención de niños que no supo adaptarse a las condiciones del siglo XX”

También hay responsables sin hábito

El Ministerio de Educación era quien tenía la responsabilidad legal sobre esas escuelas (Industrial and Reformatory Schools). También era el que debía pagar el mantenimiento de los niños, y las malas condiciones de vida testimonian lo que estaba dispuesto a gastar. Es verdad que Irlanda no era entonces el país rico que hoy conocemos, sino un sitio donde todavía muchos tenían que emigrar para ganarse la vida y salir de pobres. Pero no cabe duda de que estos reformatorios nunca fueron una prioridad social.

Más bien fueron un medio cómodo de aparcar niños más o menos problemáticos. Según la Comisión, “hay pruebas que demuestran que muchos niños fueron enviados sin necesidad a las Industrial Schools”.

El Estado fracasó también en su labor inspectora. El informe dice que “las inspecciones eran demasiado escasas y con un alcance limitado”. No se excusa la responsabilidad de los funcionarios que “eran conscientes de que había abusos en las escuelas y conocían que la educación impartida era inadecuada”. Un factor importante que hay que tener en cuenta es la tendencia autoritaria de aquellos tiempos, que justificaba una disciplina opresora y los duros castigos físicos.

El Ministerio prefería también no darse por enterado de los abusos. “Las quejas presentadas al Ministerio por padres y otras personas no fueron adecuadamente investigadas”, reconoce la Comisión.

Tampoco parece que hiciera falta llevar hábito para incurrir en abusos sexuales. Según el informe, “los testigos afirmaron haber sido sometidos a abusos sexuales por religiosos y por personal laico en las escuelas e instituciones y por otros internos y también por profesionales, tanto externos como internos de las instituciones. También afirmaron haber sido abusados sexualmente por miembros del público en general, incluyendo trabajadores sociales, visitantes, empleados, familias de acogida”.

Abuso informativo

El informe critica que los superiores de las órdenes religiosas prefirieran silenciar los casos de abusos y limitarse a transferir al religioso culpable a otra parte. Pero otras autoridades y profesionales civiles actuaron con la misma irresponsabilidad. “Los testimonios muestran la creencia de que los abusos a niños en las escuelas e instituciones eran conocidos en la sociedad a nivel oficial y no oficial”, dice el informe. Entre ellos menciona a los inspectores del Ministerio, médicos y maestros que atendían estas escuelas, personal local empleado,…todos los cuales “no supieron proteger a los niños”.

Dentro de este cuadro general de maltrato e indiferencia, “los testimonios mencionan también experiencias positivas como la afabilidad de algunos religiosos y miembros laicos del personal directivo de las escuelas, incluido un cierto número que les proporcionaron apoyo en tiempos de dificultad hasta que fueron liberados”.

En las conclusiones, el informe hace referencia a “las lecciones del pasado que deben ser aprendidas”, tanto por el Estado como por las congregaciones religiosas. “Para el Estado, es importante reconocer que el abuso de los niños ocurrió por fallos del sistema y de la política, de gestión y de administración, así como por responsabilidad de los funcionarios” relacionados con estas escuelas. A las congregaciones se les pide que “examinen cómo fue posible que sus ideales fueran degradados por el sistemático abuso. Deben preguntarse cómo llegaron a tolerar infracciones de sus propias reglas y, cómo respondieron cuando los abusos sexuales y físicos fueron descubiertos”.

Ciertamente hay motivos de examen de conciencia para los religiosos, pero no solo para ellos. En mayo de 1999, el primer ministro Bertie Ahern pidió perdón a todos esos niños que habían sufrido abusos y reconoció “el fracaso colectivo [del país] para intervenir”. Por eso, pedir cuentas solo a la Iglesia es otra forma de abuso…informativo.

Club de multimillonarios (Gates y 6 más) confabulados para disminuir la población mundial

Citizen_gates Esto no es asunto de teorías conspiratorias. Escribo en términos de “confabular”, porque según el Drae el verbo significa “ponerse de acuerdo para emprender algún plan, generalmente ilícito”. De esto trata lo que sigue, entiendo, en términos legales y morales.

Según cuenta el Times (Billionaire club in bid to curb overpopulation), los ricos más ricos de EEUU se han reunido en NY, el pasado 5 de mayo, en casa de Sir Paul Nurse, Nobel de bioquímica y Presidente de la  Rockefeller University.

Además de Bill Gates, estaban alli, formando el “Good Club”, David Rockefeller Jr., Warren Buffet, George Soros, Michael Bloomberg, Ted Turner y Oprah Winfrey.

Se trataba de encontrar una “causa” que -ofreciendo garantías de filantropía- les permita cubrir los posibles riesgos para sus fortunas. Han encontrado una “causa” que incluso pueden hacer popular, si es necesario, a golpe de propaganda: hay que disminuir la gente en el mundo.

Hace unos meses, ya lo había propuesto, con cifras concretas, Bill Gates:

“Official projections say the world’s population will peak at 9.3 billion [up from 6.6 billion today] but with charitable initiatives, such as better reproductive healthcare, we think we can cap that at 8.3 billion”.

Todos sabemos qué quiere decir “better reproductive healthcare”: sobre todo contracepción y aborto (¿por qué no llamarán las cosas por su nombre?), y sobre todo en los países pobres, visto como una amenaza para los países ricos…

Dicen que no quieren ser un “gobierno mundial alternativo”, pero que alguien -superando barreras políticas y religiosas- tiene que tomar las riendas para evitar desastres de alcance global.

Gates y sus amigos multimillonarios quizá no quieren darse cuenta de que lo que sucede con la población es otra cosa, bien distinta:

como advierte Barry McLerran, autor del documental Demographic Winter,  la tasa de crecimiento de la población ha decrecido un 50% en los últimos 30 años.

La fertilidad en los países desarrollados está por debajo de los índices de remplazo de la población. Si las cosas no cambian, la tendencia indica que, más que sobrepoblación, la crisis estará a mediados de siglo en el polo opuesto: el de la despoblación.

A lo mejor lo que a fin de cuentas les preocupa es la “despoblación WASP“, con algunas concesiones de color, mientras sean ricos o famosos. O el incremento proporcional de número y riqueza en gente no-wasp.

El caso es que todos sabemos cómo Bill Gates logró instaurar, en plan “Citizen Gates”, su navegador “Explorer” (mucho dinero y argucias y presiones para lograr una interpretación favorable de las leyes) con el fin de desalojar a “Netscape” como competencia: y su modo de razonar no debe haber cambiado mucho desde entonces.

Algunos dicen que el mundo es -a fin de cuentas- un mercado. Aunque lo fuera, que no lo es, aplicar sus estrategias y tácticas mercantiles no necesariamente será algo que de suyo favorece el bien común y la vida de la humanidad.

Parece molesto e ilícito considerar a la gente como números y sujetos de mercado, antes que como personas y ciudadanos.

http://www.scriptor.org/2009/06/club-de-multimillonarios-gates-y-6-mas-confabulados-para-disminuir-la-poblacion-mundial.html