Imparable fuga de audiencia televisiva a Internet

702016504_c26469ba6f[1](1)Las descargas de series y películas se duplican en la Red por segundo año consecutivo, según un estudio

Quedarse en casa, ir al cine o programar el DVD hace tiempo que han dejado de ser las únicas formas de disfrutar de las series o películas más populares del panorama audiovisual. Con el auge de los programas de intercambio de archivos y de las páginas de Internet que facilitan descargas directas, las productoras de cine y televisión no se enfrentan sólo a pérdidas millonarias y caídas de audiencia sino que deben diseñar estrategias para hacer todavía rentables sus productos.

La compañía estadounidense Big Champagne ha hecho público un estudio sobre las series y películas más descargadas vía torrent (a través de programas de intercambio de archivos P2P) en todo el mundo. Las cifras son millonarias y reflejan el dominio de la industria televisiva estadounidense en los gustos de los internautas de todo el planeta. La reina absoluta del ránking es la serie Heroes con más de 52 millones de descargas y sólo una producción no estadounidense se cuela en la lista de las películas más populares en Internet, la británica Slumdog Millionaire, que ocupa el puesto octavo de las películas más bajadas con más de ocho millones de descargas.

Según el informe de Big Champagne, recogido por la edición digital de la BBC, las descargas se han duplicado durante el último año y la tendencia es a que se siga incrementando en los próximos años. En el caso de las series más demandadas, los picos más altos de descargas se producen en las horas posteriores a la emisión en su país de origen, en este caso Estados Unidos, cuando se llegan a producir más de 300.000 de peticiones.

Caída de audiencia en televisión

Las series más populares entre los usuarios de torrent son Heroes, con 54.562. 012 de descargas, Perdidos y 24, con 51.151.396 y 34.119.093 de descargas. El estudio de Big Champagne no refleja el número de descargas que se producen en Estados Unidos, pero las series de la lista han aumentado su número de descargas en todo el mundo y han sufrido bajadas de audiencia en sus emisiones en Estados Unidos. Heroes, de la que la cadena NBC emitirá la cuarta temporada a partir del próximo mes de septiembre, solo consiguió reunir a una media de ocho millones espectadores durante la emisión de su tercera temporada los lunes, un día de fuerte competencia en la televisión estadounidense al emitirse también House y Dos hombres y medio, la favorita de la audencia televisiva pero no de los internautas.

El segundo puesto es para Perdidos, auténtico fenómeno fan en todo el mundo y que en Estados Unidos emite la cadena ABC. En su país de origen ha pasado de congregar ante el televisor a una media de 18 millones de espectadores, en su primera temporada, a 10 durante la quinta, la última emitida hasta el momento. En España no ha tenido mejor suerte y en Cuatro apenas ha pasado de un millón de espectadores durante la emisión de la cuarta entrega.

Completan la lista de series, la ya finalizada Prison Break, con 29.283.591 de descargas, el ácido doctor House (26.277.954), la paranormal Fringe, (21.434.755), Mujeres deseperadas (21.378.412), Anatomía de Grey (19.916.775), el culebrón juvenil Gossip Girl (19.706.870) y cierra la lista Smallville, que narra las aventuras de un joven Superman, con 19.598.999 de descargas.

En el caso de las películas, el ránking es un poco más modesto. Lo encabeza Watchmen, con cerca de 17 millones de descargas, seguido de El curioso caso de Benjamín Button (13.133.137) y Yes man, protagonizada por Jim Carrey, con 13.038.364 peticiones vía torrent. Tras ellas se sitúan Crepúsculo (11.632.645), Fast and Furious (10.613.668), Gran Tourino (9.880.700), Marley and Me (9.099.219). El octavo puesto de la lista es para la única cinta no estadonidense de ránking, la británica Slumdog Millionaire, con casi nueve millones de descargas. En el noveno se sitúa Bolt, una película de animación de Disney sobre un perro con superpoderes (8.690.633) y a poca distancia, cierra la lista Australia que tuvo 8.628.012 de descargas durante el último año.

Problemas legales

El futuro de esta forma de ver series y películas está todavía por ver. Muchos países se están planteando la forma de regular el streaming, una tecnología que permite ver vídeos y escuchar canciones en webs especializadas sin necesidad de descargar y almacenar los archivos, los torrents y las páginas que ofrecen descargas de archivos ante las protestas de autores y productores.

Esta misma semana, un tribunal sueco obligó a un proveedor de banda ancha a desconectar The Pirate Bay (TPB), el mayor portal de P2P del mundo, aunque ya funciona con normalidad al obtener acceso a otro proveedor, y un tribunal holandés ha obligado a Mininova, el segundo mayor portal de archivos P2P del mundo, a retirar todos los enlaces que lleven a contenidos sujetos a derechos de autor en un plazo de tres meses. Si no lo cumple, podría enfrentarse a una multa de 5 millones de euros, según la web Torrentfreak.

Por su parte, el Gobierno británico contempla la posibilidad de cortar la conexión a quienes se bajen ilegalmente música y películas. Francia aprobó en julio una ley que incluye multas de entre 1.500 y 3.750 euros y en España se han panteado algunas medidas aunque todavía no se ha dado ningún paso concreto.

Economía de verdad

20060502-019-Hay géneros literarios propensos a provocar extraños compañeros de página. Cuando oímos hablar de la verdad, tiende a darse por hecho que nos referimos a algún tipo de conocimiento; hablar de caridad remite por el contrario a actitudes prácticas. No parece fácil emparejar uno y otro punto de vista. Es cierto que se habla del cariño verdadero, pero es para apostillar de inmediato que ni se compra ni se vende. Las teorías económicas aspiran a ser consideradas verdaderas; vincular la actividad económica con la caridad resulta más bien insólito. Que en plena crisis económica mundial se proponga que la solución está en combinar adecuadamente caridad y verdad no es precisamente un lugar común. Ante tan sorprendente receta caben dos actitudes.
La primera sería optar por la no beligerancia e intentar resaltar los aspectos del texto en cuestión que parezcan más digeribles. Consciente o inconscientemente, ha abundado esta actitud en los primeros comentarios de urgencia sobre la última encíclica papal. Se ha centrado la atención en sus alusiones a los microcréditos, las empresas «non profit» o la conveniencia de reflexionar sobre los programas de ayuda al desarrollo, para que no acaben en el pozo negro de la corrupción. Me parece hay en ello más de tolerancia que de respeto. Cuando se cuestiona una determinada racionalidad económica, no parece muy respetuoso espigar pasajes que sean compatibles con esos puntos de vista que se someten a discusión. Se acabaría realizando una caricatura del mensaje emitido. Así ocurre cuando Weigel, biógrafo de Juan Pablo II, opta por detectar en la encíclica una inexistente amalgama de textos de Benedicto XVI y otros que expresarían obsesiones anticapitalistas que atribuye a la Comisión Pontificia «Justicia y Paz». A la «Caritas in veritate» se le podrá achacar cualquier cosa menos incoherencia.
La segunda actitud invitaría a asumir que la encíclica dice lo que dice y cuando lo dice, por sorprendente que pueda resultar. Al fin y al cabo no es sino una pieza más del ya largo esfuerzo de su firmante por revisar el concepto imperante de racionalidad. Sería miope pensar que nos encontramos ante un problema económico, cuando en realidad sólo lo son algunas de sus consecuencias. El hilo conductor de sus decenas de epígrafes lleva a reflexionar sobre el alcance y límites de la racionalidad tecnológica y de su variante económica. El dictamen no puede ser más drástico: «Cuando el único criterio de verdad es la eficiencia y la utilidad, se niega automáticamente el desarrollo»; sobre todo «teniendo siempre presente que el concepto de eficiencia no es axiológicamente neutral». Dicho aún más claro: «Toda decisión económica tiene consecuencias de carácter moral».
Se rechaza pues la idea de que la economía ha de regirse exclusivamente por el beneficio y que la caridad sólo entrará en juego a la hora de destinar esas ganancias a socorrer al necesitado o a un crucero por el Caribe. «Mientras antes se podía pensar que lo primero era alcanzar la justicia y que la gratuidad venía después como un complemento, hoy es necesario decir que sin la gratuidad no se alcanza ni siquiera la justicia». Habrá quien tache tal planteamiento de pre-moderno, pese a que su principal defecto sería la desfachatez con que se toma a la Modernidad en serio. Lo de libertad, igualdad y fraternidad no lo inventó ningún Papa. De libertad e igualdad vamos, afortunadamente, estando poco a poco mejor servidos; lo de la fraternidad sigue siendo asignatura indefinidamente aplazada. ¿Era un mero colofón improvisado por unos políticos ebrios de gloria?
El que quiera ver la Modernidad cumplida puede tenerlo fácil: «En las relaciones mercantiles el principio de gratuidad y la lógica del don, como expresiones de fraternidad, pueden y deben tener espacio en la actividad económica ordinaria. Esto es una exigencia del hombre en el momento actual, pero también de la razón económica misma. Una exigencia de la caridad y de la verdad al mismo tiempo». Habrá pues que armarse de caridad para hacer una fructífera economía, en vez de hacer caridad con los frutos de la economía. Rutinario no suena…
Esto supone acabar con la broma de proponer dos éticas, una pública y otra privada, inventadas por quienes quieren imponer en el ámbito público la suya. La doble ética es tan poco auténtica como la doble verdad. Habrá que distinguir sin duda entre moral y derecho, pero partiendo de una ética que será la que trace su frontera. Baste un ejemplo, con cita de su inolvidado antecesor: «No puede tener bases sólidas, una sociedad que -mientras afirma valores como la dignidad de la persona, la justicia y la paz- se contradice radicalmente aceptando y tolerando las más variadas formas de menosprecio y violación de la vida humana, sobre todo si es débil y marginada». No resultará fácil protegerla porque, como ocurre con tantos derechos de los trabajadores, su «amarga condición pasa desapercibida tantas veces ante los ojos distraídos de la sociedad». Al desafío no cabe, desgraciadamente, negarle actualidad.
No se trata pues de poner en solfa las esperanzas depositadas por la Modernidad en la razón, sino de ampliar su campo de juego más allá de la estrechez de la racionalidad tecnológica. Hasta siete veces encontraremos en el texto la expresión «más allá». Quedémonos con ésta: «Las conclusiones de las ciencias no podrán indicar por sí solas la vía hacia el desarrollo integral del hombre. Siempre hay que lanzarse más allá: lo exige la caridad en la verdad. Pero ir más allá nunca significa prescindir de las conclusiones de la razón, ni contradecir sus resultados. No existe la inteligencia y después el amor: existe el amor rico en inteligencia y la inteligencia llena de amor».
Evidentemente puede sonar a música celestial. Durante un siglo así parecieron sonar los documentos de la doctrina social católica, llenando de acomplejamiento ambientes clericales subyugados por la presunta capacidad transformadora de la dialéctica marxista. Llegó, sin embargo, el momento en que los polacos se atrevieron a ponerla en práctica, con el aliento de un Papa compatriota, y no sólo lograron lo que habían ya intentado húngaros y checos sino que la fermentación de la masa hizo reventar a bastantes kilómetros un muro con ínfulas de perennidad. Veinte años se cumplirán de aquí a poco…
Sin duda la principal virtud de la encíclica, heredada del pensamiento que la inspira, es su ambiciosa dimensión utópica. Por eso, acotarla revistiendo al texto de la racionalidad que pretende combatir, y disculpar presuntos excesos, como se viene disculpando la revolucionaria invocación a la fraternidad, equivaldría a castrar su mensaje. «El desarrollo económico, social y político necesita, si quiere ser auténticamente humano, dar espacio al principio de gratuidad como expresión de fraternidad».
El misterioso fracaso de la fraternidad acaba encontrando una respuesta, que plantea un jaque al laicismo: «La razón, por sí sola, es capaz de aceptar la igualdad entre los hombres y de establecer una convivencia cívica entre ellos, pero no consigue fundar la hermandad. Ésta nace de una vocación transcendente de Dios Padre, el primero que nos ha amado». La consecuencia parece clara y quizá no muy lejana: «Cuando el Estado promueve, enseña, o incluso impone formas de ateísmo práctico, priva a sus ciudadanos de la fuerza moral y espiritual indispensable para comprometerse en el desarrollo humano integral». Un aspecto más a tener en cuenta si se quiere hacer una economía que respete la verdad del hombre: o sea, una economía de verdad…
Andrés OLLERO TASSARA De la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas
ABC Miércoles, 19-08-09

La última Escapada

Entrevista al escritor canadiense Michael O’Brien, autor de La última Escapada

«Debemos resistirnos al adoctrinamiento»ultimaescapada_g

Nunca un medio de comunicación español ha entrevistado al escritor Michael O’Brien. A pesar de que sus novelas son best-sellers traducidos a nueve idiomas y de que la crítica lo ha comparado con George Orwell o Aldous Huxley, cuenta cómo en Canadá, su país natal, ninguna editorial se atrevió a publicar sus títulos. «Durante 20 años estaba convencido de que mis libros nunca serían publicados. Estaba seguro de que las fuerzas que reprimen la cultura católica habían ganado. Me equivoqué». Se equivocó. Hoy es uno de los periodistas y escritores más brillantes y leídos del mundo, y un referente en el panorama católico internacional

Ha publicado algunas de las novelas católicas más leídas del mundo, es ensayista, pintor y director la revista familiar «Nazareth Journal». La editorial LibrosLibres acaba de publicar «La última escapada», una obra que escribió en 1999 sobre el «totalitarismo suave» y el adoctrinamiento del Estado. ¿Le extraña que en España casi no se hable de él? Lea esta entrevista y comprenderá por qué tan pocos medios se atreven a publicar lo que O’Brien piensa, dice y escribe…

La última escapada (LibrosLibres) describe un Estado que adoctrina, impone el aborto y el relativismo, y silencia a quienes lo critican. ¿Alerta sobre el futuro, o fotografía la actualidad?
Cuando escribí el libro, la situación en mi país avanzaba hacia el totalitarismo suave descrito en la novela. Lo escribí como advertencia. No preveía con qué rapidez se desarrollarían los acontecimientos en esa dirección. La situación aún no es tan mala, pero las nuevas leyes invaden gravemente la vida familiar. Por ejemplo, el derecho de los padres a educar a sus hijos sobre cuestiones morales según sus creencias, y a mantenerlos fuera de los programas de ingeniería social y de ideología de género en lo tocante al aborto y la orientación sexual. La libertad de expresión y la libertad religiosa han sido gravemente socavadas por comisiones de derechos humanos, que investigan y castigan delitos de odio. Los activistas homosexuales han utilizado estos tribunales para acosar a ciudadanos de a pie, obispos, sacerdotes y a ciertos medios de comunicación, porque dicen la verdad sobre la naturaleza desordenada de los actos homosexuales. La Iglesia es la primera defensora de la dignidad de la persona homosexual, pero habla claramente sobre las heridas psicológicas y el pecado que hay en sus actividades. Ésta es sólo la dimensión material de una revolución social que exalta derechos sin responsabilidades.

¿Es posible hoy que una democracia persiga con violencia a quien no comulgue con lo políticamente correcto?
La forma más peligrosa del totalitarismo es la que oculta su naturaleza bajo las banderas de libertad y democracia. Es de suma importancia observar con atención las decisiones de los Gobiernos y los frutos de esas decisiones, y hacer todo lo posible para resistirnos al adoctrinamiento. Los cristianos, en mi país, no son llevados a campos de concentración, pero, con frecuencia, las familias cristianas han tenido a sus hijos confiscados por el Estado, tras ser acusadas de abuso, término que puede significar cualquier cosa en virtud de la ley. Maestros o vecinos pueden realizar una denuncia anónima, y de inmediato la policía y los trabajadores sociales van a casa o a la escuela, y se llevan a sus hijos a un hogar de acogida, sin que sus padres sepan dónde están, hasta que un tribunal decida si son o no culpables de abusos. Esto se ha convertido en un instrumento de terror, que hace que muchos padres duden a la hora de resistirse al Estado. El Gobierno dice defender los derechos del niño. Irónicamente, lo dice quien mata a cientos de miles de niños cada año con el aborto y obliga a todos los ciudadanos a pagar estos asesinatos con sus impuestos.

En las escuelas canadienses y españolas se ha impuesto una asignatura que adoctrina en el relativismo…
Todos los Gobiernos saben que la educación es la clave para la formación de la conciencia del pueblo, y que la juventud es la etapa en la que se forman opiniones que afectan al orden sociopolítico. Ahora, incluso bastiones de la democracia aplican un radical cambio social en su pueblo, violando los principios fundadores de sus naciones. Filósofos católicos han señalado que la propaganda sobre la libertad aumenta a medida que la libertad real se reduce.

Sin embargo, ambos países han vivido el despertar de un movimiento social frente al adoctrinamiento estatista.
Siempre hay esperanza, siempre. La resistencia al estatismo tendrá éxito en la medida en que la Iglesia dé testimonio valiente junto con las familias, y defienda sus derechos cuando el Estado intente barrerlos. Es esencial que las personas de fuerte carácter moral -sobre todo políticos, legisladores, periodistas y educadores- estén dispuestas a mantenerse firmes en el ámbito público y a defender la verdad frente a la ola de relativismo moral, incluso si eso supone arriesgarse a perder la seguridad o el éxito de sus carreras. La revolución materialista, que se ha apoderado de Occidente en un abrazo mortal, ha llegado a este punto porque nos ha faltado el valor de defender la relación entre verdad y amor, como dice el Papa en Caritas in veritate.

¿Necesitamos los católicos reaccionar social, cultural y políticamente?
Sí, y de forma urgente. Hace años, muchos cristianos no habían interiorizado la fe como un camino para su vida. La mayoría de las personas de buena voluntad no entendían la naturaleza de la guerra que durará hasta el fin de los tiempos y en la que todos estamos involucrados. Cuando la civilización cristiana comenzó a erosionarse, y la revolución tecnológica empezó a remodelar la conciencia humana, los católicos nos sentimos en peligro de extinción, pero no sabíamos reaccionar. Ahora, estamos aprendiendo a resistir y, lo que es más importante, a construir la civilización del amor. Estamos fortaleciéndonos interiormente, en una comunión entre nosotros como no hemos vivido desde los primeros siglos de la Iglesia. Nuestra fuerza está en el incremento de la unión con los obispos, con la Iglesia universal, con Pedro.

Europa ve a Obama como un mesías que resolverá nuestros problemas. En El padre Elías, alerta sobre un político así, que resulta ser el Anticristo…
Obama es un icono transnacional del líder: gran solucionador de problemas insolubles, reconciliador de tensiones insoportables, curandero del mundo, creador de la paz, ecologista, humanista laico y religioso sincretista. Es un laico mesiánico. Invito a sus lectores a reflexionar sobre los puntos 673-677 del Catecismo, donde habla de la verdadera naturaleza del mesianismo secular. No sé si Obama es una figura del Anticristo, pero está fuera de toda duda que sus políticas de lucha contra la vida están en el reino del espíritu del Anticristo.

Los católicos, ¿hablamos y enseñamos demasiado poco sobre el diablo?
Hacer hincapié en la realidad y las actividades del diablo es un peligro, aunque Jesucristo es infinitamente más fuerte. Las actividades de los espíritus malignos aumentan espectacularmente en tierras de la antigua cristiandad, disminuye la fe y nos invaden otras espiritualidades. No hay que confundir los trastornos psicológicos con la posesión diabólica, pero tampoco hay que presumir que toda obsesión por el mal tiene un origen puramente psicológico. Esa presunción es increíblemente ingenua.

¿Por qué hay tan pocos escritores católicos de éxito?
Un gran número de escritores católicos han decidido no expresar los temas cristianos en su trabajo. Como el joven rico del Evangelio, rechazan la llamada a ir por un camino más peligroso y también más bello. Olvidan que ese camino lo recorrerán con Cristo y con el poder del Espíritu Santo, ante quien caerán barreras imposibles. En última instancia, es una cuestión de fe y de esperanza. La revolución materialista neutraliza más eficazmente la disidencia no por la violencia, sino por la negación de espacio en el que crecer. Por encima de otro factor, un verdadero artista crea lo que ama. Si un cristiano ama a Dios y a la Humanidad no sólo en abstracto, se da cuenta de que el mundo es un jardín de maravillas y milagros.

¿Cómo le influye la oración?
ón cuando estoy descansando mis pobrezas y vacíos ante el Santísimo, o después de la Comunión. Cuando empiezo a escribir, me consagro al Señor, invoco la intercesión de los santos y pido al Espíritu Santo su presencia activa. Ruego a mi Padre que me dé la inspiración para contar una historia verdadera y bella que sirva a los demás, y le pido que un ángel me ayude. Cuando me olvido de ello, la escritura es más difícil y no respira como una obra viva. José Antonio Méndez

Un retrato estremecedor…, y real

En La última escapada, O’Brien describe un aborto por nacimiento parcial. Nos ahorraremos calificativos: léala y opine usted mismo.
«-Antes de llegar aquí, era profesor de neurocirugía en un laboratorio de investigación cerebral. Teníamos millones de dólares a nuestra disposición. Comprábamos cuerpos. Cuerpos vivos. Yo tenía un interés especial en ampliar las fronteras de la investigación a fin de hacer avances en la curación del Parkinson, del Alzheimer y de la epilepsia. La cuestión es que la mayor parte de las técnicas abortivas cortan al bebé en trozos, y era un asunto bastante desagradable para los asistentes el ir a buscar entre los trozos algún tejido cerebral aprovechable. Así que pagábamos a mujeres que iban a abortar para que dieran a luz al niño y lo entregaran en el laboratorio. Incluso pagábamos a muchas para que se quedaran embarazadas. Bastantes eran inseminadas artificialmente. Pueden ser necesarios docenas de niños para proveer de tejido cerebral a un solo paciente. (…) Matar es fácil. Das a la mujer un anestésico local. Te agachas y agarras una de las piernas del niño con fórceps y tiras de ella hacia fuera. Luego extraes al niño con mucho cuidado para dejar la cabeza dentro. No te apetece oír ruidos. La base del cráneo queda expuesta. Metes las tijeras ahí, en la base del cráneo del bebé, y las abres para agrandar el agujero. Se mueve un poco. Luego pones un catéter para succionar y así se saca el cerebro. (…) Un día hubo un caso que no salió según estaba previsto. El niño se escurrió demasiado rápido y acabó en mis manos antes de hacerme cargo siquiera de lo que había pasado. Abrió los ojos. Respiró y gritó. La madre lo oyó y movió la cabeza, buscándolo. Comenzó a pelear, se veía que tenía dudas. Una enfermera la sedó mientras yo cerraba la boca del niño con la mano, robándole el aire con mi pulgar. Se torció mucho. Me miró mientras moría. Me miró. (…) Le devolví la mirada. No tenía que haberle devuelto la mirada, no tenía que haber vuelto a mirar. (…) Era un niño. Una persona. Esa niña pequeña anónima era -de un modo que no puedo explicar- mi propia hija, o mi hijo o…, mi mujer. Me dije a mí mismo: ya está, nunca más trabajaré en esta industria de la muerte».

17-O: ven como quieras pero ven

A nado, volando, en burro, andando, o en alguno de los servicios de autobús que ya están en marcha. Ven como quieras, pero resérvate el 17 de octubre para acudir a la manifestación que nos reunirá a todos en Madrid a favor del derecho a vivir y de la maternidad y contra el proyecto de ley abortista.

Ya tenemos servicio de autobuses. Si quieres viajar con nosotros a Madrid, tendrás todas las facilidades: un servicio cómodo, fácil de contratar (por teléfono y por internet) y con todo el ambientazo de la gente DAV.

Y si prefieres viajar por tu cuenta o usar otros servicios de autobuses que también están previstos por otras organizaciones convocantes, opciones no te van a faltar.

Elige lo que quieras, ven con quien quieras, pero ven

Si vives en la Península, el 17-O no tienes excusa para no viajar a Madrid a defender y a celebrar el derecho a vivir.

A través de la cuenta de correo autobuses17o@derechoavivir.org puedes obtener desde ahora mismo más información, detalles, datos, etc., sobre los autobuses DAV del 17-O.

En DAV hemos montado un dispositivo sin precedentes para acudir a la manifestación del 17-O. Derecho a Vivir y HazteOir.org ofrecerán un servicio de autobuses en toda la Península, con capacidad para desplazar a 100.000 personas con motivo de la manifestación del próximo 17 de Octubre a favor del derecho a vivir, a favor de la maternidad y contra el proyecto de ley abortista. 

DAVHO han llegado a un acuerdo con una de las primeras agencia de viajes de nuestro país para ofrecer un servicio integral a sus 150.000 suscriptores, voluntarios, socios-donantes y, en general, a cualquier persona que quiera viajar seguro y cómodo a Madrid para asistir a la manifestación del 17-O.

autobuses17o@derechoavivir.org

Las personas interesadas en este servicio ya pueden informarse en la dirección de correo electrónico autobuses17o@derechoavivir.org

Derecho a Vivir y HazteOir.org desplegarán un dispositivo humano y tecnológico sin precedentes en la historia de las grandes concentraciones cívicas de la etapa constitucional.

Se pondrá en marcha un call center para adquirir cada plaza individualmente mediante una llamada telefónica, con la opción de pagar con la tarjeta de compras de una conocida cadena de grandes almacenes.

Además, los billetes podrán reservarse y pagarse cómodamente por Internet con tarjeta de crédito/débito.

La flota de autobuses que realizará el servicio es la más moderna y confortable del mercado.

Se creará una Fila Cero para que, los que lo deseen, bequen el viaje de los que no pueden costeárselo.

Saldrán autobuses de todas las capitales de provincia de la España peninsular y, allí donde exista demanda, también de localidades no capitalinas.

Ignacio Arsuaga: “El 17-O cambiará las reglas del juego”

Para el presidente de HazteOir.org, Ignacio Arsuaga, ”el servicio cumple con un doble objetivo: por un lado, calidad; por otro, facilidad de contratación, que nos permitirá movilizar a más voluntarios y a cualquier persona que quiera viajar con nosotros para que el 17-O sea otra gran fiesta del derecho a vivir y una expresión multitudinaria de esa mayoría clara de la sociedad española dispuesta a frenar el aborto libre que el Gobierno pretende imponerle”.

Ignacio Arsuaga anuncia que el 17-O “marcará un antes y un después en la relación de la sociedad con los gobernantes”:

“Las entidades cívicas españolas están entre las más innovadoras de Europa, y grandes empresas, que siguen criterios exclusivamente profesionales, perciben que hay un sector significativo de la sociedad que se moviliza por valores, está organizado y tiene capacidad de compra. Vamos a cambiar las reglas del juego para revisar lo políticamente correcto y quién lo define. Nada volverá a ser lo mismo después del 17 de Octubre”.

Los autobuses DAV del 17-O

A través de autobuses17o@derechoavivir.org puedes obtener desde ahora mismo más información sobre los autobuses DAV del 17-O. A través de esta cuenta se facilita información, detalles, datos, etc.

El diagnóstico de Benedicto XVI en la “Caritas in veritate”

mundoLa actual crisis económica ha puesto de relieve que el olvido de la ética en los negocios puede ser terriblemente destructivo. Pero ¿qué ética necesitamos? La última encíclica de Benedicto XVI, Caritas in veritate, ofrece una perspectiva que va más allá de los típicos enfoques que a menudo predominan en este campo.

A lo largo de los últimos cuarenta años, la ética de los negocios ha pasado de ser lo que algunos consideraban una moda pasajera a convertirse en una industria artesanal global en el que todo el mundo quiere meter baza. Resulta entonces tranquilizador leer que, si bien “se está extendiendo la conciencia de la necesidad de una responsabilidad social más amplia de la empresa”, “no todos los planteamientos éticos que guían hoy el debate sobre la responsabilidad social de la empresa son aceptables según la perspectiva de la doctrina social de la Iglesia” (Caritas in veritate, en adelante CIV, 40). “Conviene”, en consecuencia, “elaborar un criterio de discernimiento válido, pues se nota un cierto abuso del adjetivo ‘ético’… hasta el punto de hacer pasar por éticas decisiones y opciones contrarias a la justicia y al verdadero bien del hombre” (CIV, 45).

Enfoques de ética de los negocios

Desde el punto de vista de la Iglesia, ¿qué sería un “sistema moral de referencia” para los negocios? La encíclica propone los siguientes indicadores. Primero y principal, tendría que ser compatible con el dato de la creación del hombre “a imagen de Dios” (Gen. 1,27), de lo que se deriva “la inviolable dignidad de la persona humana, así como el valor trascendente de las normas morales naturales” (CIV, 45). ¿Cómo responden las principales teorías sobre la ética empresarial a este requisito?

La encíclica recuerda que el mercado no existe “en estado puro” ni puede ser invocado para resolver todos los problemas sociales

El pensamiento utilitarista o consecuencialista, que informa actualmente una buena parte de la ética de los negocios, ignora casi por igual “la inviolable dignidad de la persona humana” y “el valor trascendente de las normas morales naturales” (CIV, 45). Según estas teorías, la justificación última de los negocios se hallaría en que sus consecuencias resultaran de probada “utilidad” para quien los hace, si bien tal “utilidad” podría ser objeto de interpretaciones.

Aunque normalmente se mide en términos de beneficio, poder o placer, podría representar asimismo “lo que favorece al medio ambiente” o “lo que promueve mi agenda social”, por ejemplo. No hay una “dignidad inviolable” en otros seres humanos, que existen exclusivamente en cuanto sirven a un fin o a un propósito que hemos querido asignarles. Tampoco es posible conferir sentido al “valor trascendente de las normas morales”, puesto que no existe nada éticamente relevante más allá de aquella “utilidad”.

Los seres humanos encuentran en la sociedad civil un plano más alto en el que darse gratuitamente a los demás

Por otro lado, los enfoques de tipo deontológico o que tienen en cuenta los derechos de las partes interesadas en una iniciativa de negocio, aunque concuerdan en principio con la dignidad del ser humano y con la trascendencia de las normas morales, no tienen en cuenta sin embargo la premisa principal de un hombre creado a imagen de Dios. Por el contrario, se muestran escépticos respecto a cualquier fundamento posible para la dignidad humana, excepto quizá por la presunción de racionalidad y de autonomía. Esto explica la naturaleza autorreferencial de la mayor parte de su razonamiento –accesible y convincente sólo para quienes han sido antes convenientemente iniciados–.

El beneficio como medio

Sorprende en un documento papal la frecuente referencia al beneficio y a su función precisa: “La ganancia es útil si, como medio, se orienta a un fin que le dé un sentido, tanto en el modo de adquirirla como de utilizarla. El objetivo exclusivo del beneficio, cuando es obtenido mal y sin el bien común como fin último, corre el riesgo de destruir riqueza y crear pobreza” (CIV, 21).

Ciertamente, la ganancia en sí no es despreciable (CIV, 38), ni se excluye del ámbito de los objetivos legítimos de los negocios (CIV, 46). Simplemente se nos previene contra el hecho de procurarla como fin en sí misma, en vez de como un medio para alcanzar fines humanos y sociales. Más aún, se nos advierte del riesgo de caer en la trampa de la especulación financiera para una ganancia a corto plazo (CIV, 40), y de creer que la maximización del beneficio es la única razón de ser de los negocios (CIV, 71).

Si las ganancias están correctamente concebidas como medios e instrumentos, ¿para qué fin ulterior o propósito podrían servir? La respuesta es el bien común: “un bien relacionado con el vivir social de las personas”; “el bien de ese ‘todos nosotros’, formado por individuos, familias y grupos intermedios que se unen en comunidad social” (CIV, 7). Una expresión equivalente es el “desarrollo humano integral” del que habló Pablo VI en la Populorum Progressio.

Una visión compleja del desarrollo

Como ha reconocido el propio Benedicto XVI, la visión de Pablo VI sobre el desarrollo humano es una visión compleja (cf. CIV, 21). Como rechazo de lo negativo, consiste en liberarse del hambre, de las privaciones, de las enfermedades endémicas y del analfabetismo. En su dimensión positiva, requiere de todas las personas una “participación activa y en condiciones de igualdad en el proceso económico internacional; desde el punto de vista social, su evolución hacia sociedades solidarias y con buen nivel de formación; desde el punto de vista político, la consolidación de regímenes democráticos capaces de asegurar libertad y paz”. (CIV, 21).

En este esbozo se encuentra implícito el desafío de articular esas múltiples esferas de la acción humana y los bienes específicos en un todo integral. He ahí donde reside, según creo, la esencia de lo que distingue la contribución de Benedicto XVI a esta discusión.

En Caritas in veritate el Papa define la verdadera jerarquía de las instituciones, las disciplinas y los objetivos sociales vinculándolos al orden y a la armonía de las virtudes. Si la verdad existe, no puede entonces valer cualquier opinión o acuerdo ético acerca de las diferentes esferas que se solapan en la actividad humana. Sólo aquellos que respetan la verdad permitirán que florezcan las virtudes de caridad y de justicia, proporcionando a todas las personas un desarrollo humano integral o bien común.

El mercado y el Estado

En la base de esta estructura social está el mercado, la institución creadora de riqueza y objeto de estudio de la Economía. A pesar de su importancia, se nos recuerda que el mercado no existe “en estado puro” ni puede ser invocado para resolver todos los problemas sociales (cf. CIV, 36). Sería igualmente “equivocada la visión de quienes piensan que la economía de mercado tiene necesidad estructural de una cuota de pobreza y de subdesarrollo para funcionar mejor” (CIV, 35). Sin duda alguna las transacciones comerciales deben ser conformes con la “lógica del intercambio”, con el “dar para tener” (cf. CIV, 39), pero esa es sólo una dimensión de la virtud de la justicia, de la justicia conmutativa (cf. CIV, 37). Los intercambios del mercado implican, ante todo, “relaciones auténticamente humanas”, y como tales deben estar abiertos a la “amistad”, la “solidaridad” y la “reciprocidad”; no son algo “éticamente neutro ni inhumano o antisocial por naturaleza” (CIV, 36).

Superior al mercado es la comunidad política o Estado, a quien se ha encomendado la tarea de la redistribución de la riqueza y de ser el centro de la política. Al contrario, sin embargo, de la muy extendida visión determinista de la globalización, según la cual lo económico invade no sólo la soberanía y la autoridad del Estado, sino la propia voluntad humana, la encíclica se hace eco de la opinión de Juan Pablo II acerca de que “la globalización no es, a priori, ni buena ni mala. Será lo que la gente haga de ella” (CIV, 42).

La globalización, “si se gestiona mal, puede incrementar la pobreza y la desigualdad, contagiando además con una crisis a todo el mundo”; pero al mismo tiempo, si su proceso se desarrolla de un modo “adecuadamente entendido y gestionado, ofrece la posibilidad de una gran redistribución de la riqueza a escala planetaria como nunca se ha visto antes” (CIV, 42).

La acción del Estado debe guiarse por la “lógica de obligación pública”, del “dar por deber” (cf. CIV, 39), como corresponde a la alta dimensión de la justicia social o distributiva. Sólo así podrá el Estado afrontar el reto y “orientar la globalización de la humanidad en términos de relacionalidad, comunión y participación” (CIV, 42).

La lógica de la gratuidad

Benedicto XVI, que dedicó una encíclica previa a explicar que “Dios es amor” (Deus caritas est), siguiendo la lógica de la creación del hombre a imagen y semejanza de Dios, enseña ahora que “el ser humano está hecho para el don”, ―hecho para el amor, “el cual manifiesta y desarrolla su dimensión trascendente” (CIV, 34). Como la fe y la esperanza, el amor o caridad es “un don absolutamente gratuito de Dios”, que “irrumpe en nuestra vida como algo que no es debido, que trasciende toda ley de justicia. Por su naturaleza, el don supera el mérito, su norma es sobreabundar” (CIV, 34).

La “economía de la gratuidad y de la fraternidad”, la “lógica del don incondicional”, encuentra su expresión institucional ―según señaló en su momento Juan Pablo II,― en la sociedad civil (CIV, 38). La sociedad civil no se propone sustituir ni al mercado ni al Estado en sus funciones respectivas, sino elevarse por encima de la perversa dialéctica que infecta a menudo este modelo binario. Los seres humanos encuentran en la sociedad civil un plano más alto en el que darse gratuitamente a los demás, sin pedir nada a cambio, y en donde aquella autodonación puede ser recíproca.

Tras esta lógica del darse está un sentido de fraternidad, el reconocimiento de pertenecer a la misma familia o de tener un origen común, Dios mismo, y de solidaridad, de modo “que todos se sientan responsables de todos” (CIV, 38). En la “caridad en la verdad”, encuentran por igual su perfección la justicia conmutativa y la distributiva, la lógica del intercambio y la lógica de la intervención pública, el mercado y el Estado, la economía y la política.

¿Qué tiene que ver el amor con esto?

La ética de los negocios que necesita este mundo globalizado, entonces, es la que promueva no sólo las virtudes de verdad y justicia, sino sobre todo la virtud de la caridad o del amor, entendido como don de uno mismo. La encíclica quizá no desarrolla en detalle la forma en que debería diseñarse e implementarse esta ética de los negocios, si bien indica con claridad las condiciones que necesariamente han de satisfacerse para ello.

En particular, llama nuestra atención sobre el significado humano de todo trabajo –incluyendo, por supuesto, la actividad en los negocios– como “acción personal” (actus personae), previa a su función profesional (CIV, 41). Se nos recuerda, desde esta perspectiva, la prioridad del elemento subjetivo del trabajo, el trabajador considerado en sí mismo como ser libre y racional, por encima del elemento objetivo, que abarca la tecnología y todos los productos de la actividad humana (cf. CIV, 69).

Por ello, el documento insiste en los rasgos esenciales del “trabajo decente”, aquél que “sea expresión de la dignidad esencial de todo hombre o mujer: un trabajo libremente elegido, que asocie efectivamente a los trabajadores, hombres y mujeres, al desarrollo de su comunidad; un trabajo que, de este modo, haga que los trabajadores sean respetados, evitando toda discriminación; un trabajo que permita satisfacer las necesidades de las familias y escolarizar a los hijos sin que se vean obligados a trabajar; un trabajo que consienta a los trabajadores organizarse libremente y hacer oír su voz; un trabajo que deje espacio para reencontrarse adecuadamente con las propias raíces en el ámbito personal, familiar y espiritual; un trabajo que asegure una condición digna a los trabajadores que llegan a la jubilación” (CIV, 63).

Debemos advertir, sin embargo, que las condiciones antes mencionadas para caracterizar el “trabajo decente” sirven sobre todo para permitir a los seres humanos responder a la trascendente llamada o vocación (cf. CIV, 16-18) de darse a sí mismos, inspirados por el amor o la caridad de Dios. Es aquí donde puede hallarse el significado último del trabajo y de la actividad humana. Finalmente, la encíclica también nos proporciona una valiosa orientación en la ética de los negocios para navegar por las complejas interconexiones de la economía, el derecho y la política con la tecnología, el medio ambiente, etc.

Así pues, lo que Benedicto XVI sugiere, esencialmente, es que cuando se discuta sobre ética en los negocios y surja esta extraña pregunta: “¿qué tiene el amor que ver en esto?”, la respuesta inmediata sea: “¡Todo!”.

Leszek Kołakowski, un filósofo en busca de la verdad

imgLeszek Kolakowski2Leszek Kołakowski nació en Radom (Polonia) en 1927 y ha sido uno de los filósofos polacos más importantes del siglo XX. Alcanzó cierto renombre internacional con la publicación a finales de los años setenta de un exhaustivo estudio sobre el marxismo y sus derivaciones filosóficas y políticas (Las principales corrientes del marxismo). En tres gruesos volúmenes, el filósofo polaco ajustaba cuentas con la ideología que le había cegado tras la II Guerra Mundial, cuando se afilió al Partido Comunista de su país. Lo cierto, sin embargo, es que muy pronto inició un proceso de desmitificación que le condujo a desconfiar de un régimen marcado por su carácter antidemocrático y sustentado en una ideología con presupuestos filosóficos insostenibles.

Considerado primero como un revisionista, las autoridades polacas comenzaron a recelar de aquel intelectual heterodoxo que cada vez con más éxito criticaba la falta de libertades y el anquilosamiento del sistema comunista polaco. No es de extrañar que decidieran actuar contra este personaje hostil e incómodo para el régimen: en 1968 fue expulsado del partido y despojado de su cátedra de Historia de la Filosofía en Varsovia. Acompañado de su esposa, Kołakowski se exilió y recaló, primero, en la Universidad de Berkeley y, más tarde, en Oxford, donde finalmente falleció el pasado 17 de julio.

Las principales corrientes del marxismo, considerada su obra más importante, fue en su momento un boom: frente a la interpretación oficial, que sostenía que el estalinismo constituía una degeneración o forma impura de la doctrina original de Marx, Kołakowski concluía que los regímenes totalitarios comunistas no eran una falsificación ideológica del marxismo, sino una consecuencia lógica de su sistema filosófico. Además de repasar los elementos más problemáticos de esta filosofía, en particular su determinismo histórico, Kołakowski realizaba un minucioso recorrido por las transformaciones del pensamiento marxista, desde sus orígenes en Marx y Engels, hasta el comunismo francés de finales de los sesenta, pasando por la Escuela de Frankfurt y el comunismo chino. Todavía hoy Las principales corrientes del marxismo sigue siendo un libro fundamental para comprender la trascendencia histórica y filosófica del marxismo.

Tensión especulativa

Su evolución hacia posturas políticas más liberales y su compromiso con la democracia y los derechos humanos se acentuaron durante su estancia en Oxford, donde trabó amistad con intelectuales de la talla de Isaiah Berlin, entre otros. Kołakowski supo asimilar la tolerancia y el realismo político británico, sin por ello renunciar a sus profundos anhelos por mejorar la situación política y social. Como Berlin, consideraba que la política debía favorecer el compromiso y el equilibrio entre valores contrapuestos. Y afirmaba que aunque las utopías tenían sus funciones, “deberían seguir siendo eso: utopías”. No dudó apoyar en su momento la lucha contra el régimen comunista de Polonia que inició Wałęsa con el sindicato Solidaridad, a principios de los ochenta.

Kołakowski nunca se consideró a sí mismo como un filósofo político en el estricto sentido de la palabra. Es verdad que el resto de su producción intelectual ha sido en ocasiones dejado de lado frente a la magnitud y altura de su libro sobre el marxismo. Sin embargo, en una de sus últimas entrevistas, confesaba que no consideraba esta obra como la más importante.

La mayoría de sus ensayos se inscriben dentro de la historia de las ideas (La filosofía positivista, Las preguntas de los grandes filósofos) y en el campo de la filosofía de la religión (Si Dios no existe). Se caracterizan por la amenidad, la erudición y, sobre todo, la tensión especulativa. Se opuso por igual al positivismo como a aquellas tendencias filosóficas que proponían abandonar la pretensión de alcanzar verdades definitivas. Con mirada esperanzadora, trabajó por devolver a la filosofía lo que consideraba que era su misión original: la posibilidad de hacerse permanentemente preguntas sobre el sentido del mundo, pero teniendo en cuenta que la búsqueda de la verdad exige en principio su existencia. Su último libro, Las preguntas de los grandes filósofos (ver Aceprensa 8-04-2009) es una buena muestra de su concepción filosófica.

La religión ocupa un lugar destacado en su trayectoria; no en vano, en Si Dios no existe indicó que el problema principal del ateísmo racionalista es su falta de comprensión del fenómeno religioso y el peligro de divinizar el poder del hombre. Entendía que las creencias religiosas eran una “parte irremplazable” de la cultura porque en ellas se condensan algunas de las respuestas que la humanidad ha dado a la pregunta por el sentido y la finalidad de la existencia. De hecho, afirmaba que las normas morales adquieren su validez en contextos religiosos y que la diferencia entre bien y mal le viene ya dada al hombre. “Si lo que buscamos son respuestas reales a las preocupaciones más reales de los seres humanos –decía–, entonces podemos hallarlas en la religión. Necesitamos creer que la vida humana tiene un sentido. Pero no encontramos ese sentido en ningún otro empeño si no es en las tradiciones religiosas” (Pura Sánchez Zamorano, “Entrevista a Leszek Kołakowski”, Cuadernos de Pensamiento Político 22, abril-junio 2009).

La fuerza y la justicia

SimoneWeilDesde hace dos o tres siglos se cree a la vez que la fuerza es el dueño único de todos los fenómenos de la naturaleza, y que los hombres pueden y deben fundamentar en la justicia, reconocida por medio de la razón, sus relaciones mutuas. He aquí un absurdo manifiesto. No puede concebirse que en el universo absolutamente todo esté sometido al imperio de la fuerza y que el hombre pueda sustraerse a ella, cuando está hecho de carne y de sangre, y su pensamiento vaga al azar del de las impresiones sensibles.

Sólo hay una alternativa. O bien percibir actuante en el universo, al lado de la fuerza, un principio distinto de la fuerza misma, o bien reconocer a la fuerza como dueña única y soberana también de las relaciones entre los hombres.

En el primer caso, se entra en oposición radical con la ciencia moderna tal como fue fundada por Galileo, Descartes y otros, proseguida en el siglo XVIII , especialmente por Newton, en el s. XIX y en el XX.

En el segundo caso, se entra en oposición radical con el humanismo que surgió en el Renacimiento, triunfó en 1789 y que, en forma bastante degradada, ha servido de inspiración a toda la III República.

La filosofía que ha inspirado al espíritu laico y la política radical está basada a la vez en esta ciencia y este humanismo, los cuales, como se ve, son incompatibles. No se puede decir que la victoria de Hitler sobre Francia en 1940 ha sido la victoria de una mentira sobre una verdad. Una mentira incoherente ha sido vencida por una mentira coherente. Por eso, además de las armas, han flaqueado los espíritus.

En el curso de los últimos siglos, la contradicción entre la ciencia y el humanismo ha sido advertida confusamente, aunque nunca se ha tenido el valor intelectual de mirarla de frente. Se ha intentado resolver esa contradicción sin haberla expuesto primero a la vista de todos. Esta falta de probidad de la inteligencia se castiga siempre con el error.

El utilitarismo ha sido fruto de uno de tales intentos. Se trata de la suposición de un pequeño mecanismo maravilloso por medio del cual la fuerza, al entrar en la esfera de las relaciones humanas, se convierte automáticamente en productora de justicia.

El liberalismo económico de los burgueses del siglo XIX descansa enteramente en la creencia en tal mecanismo. La única restricción consistía en que, para tener la virtud de producir automáticamente justicia, la fuerza debe tomar la forma del dinero, con exclusión de todo uso de las armas y del poder político.

El marxismo no es más que la creencia en otro mecanismo de ese tipo. Ahí la fuerza es bautizada con el nombre de historia; su forma es la lucha de clases; la justicia se relega a un futuro que debe ir precedido de una especie de catástrofe apocalíptica.

También Hitler, tras un momento de valor intelectual y de clarividencia, ha caído en la creencia en ese pequeño mecanismo. Pero necesitaba un modelo de máquina inédito. Ha carecido de gusto y de capacidad de invención, fuera de algunos relámpagos de intuición genial. De modo que ha tomado prestado su modelo mecánico a las gentes que le obsesionaban de continuo por la repulsión que le inspiraban. Ha tomado por máquina simplemente noción de raza elegida, el pueblo destinado a dominarlo todo y a establecer entre sus esclavos a continuación la especie de justicia adecuada a la esclavitud.

Todas esas concepciones aparentemente distintas y tan parecidas en el fondo sólo tienen un inconveniente, siempre el mismo. Y es que son mentiras.

La fuerza no es una máquina que pueda crear la justicia. Es un mecanismo ciego del cual salen, al azar, indiferentemente, efectos justos e injustos; pero mayormente injusto, por el juego de las probabilidades. El curso del tiempo no añade nada; no aumenta en el funcionamiento de este mecanismo la ínfima proporción de efectos conformes por azar a la justicia.

Si la fuerza es absoluta soberana, entonces la justicia es absolutamente irreal. Pero no lo es. Esto lo sabemos experimentalmente. Es real en el fondo del corazón de los hombres. La estructura del corazón humano es una realidad entre las realidades de este universo; tiene el mismo título de realidad que la trayectoria de un planeta.

(Simone Weil – 1943)
Uno lee cosas como esta, pero —aun suponiendo que uno entienda el punto y aprecie el argumento de fondo— es difícil asumir la contradicción (y su culpa) como algo propio. Cada cual, según el equipo en que juega, tiene sus coartadas a mano. En particular, el lector cristiano típico ni siquiera verá la necesidad de justificaciones, creerá encontrar aquí un tanto a su favor; sólo verá, con toda probabilidad, un alegato contra el materialismo. Y como uno no es materialista, entonces no hay problema: la fuerza no es, para nosotros, absoluta soberana, también está lo otro (Dios, el espíritu) que es lo más importante. Escuchen y aprendan los adversarios, materialistas, laicistas y marxistas, pues, esto que dice Simone; que nosotros lo tenemos claro.
Pero no, no es así la cosa —dice la misma Simone, y yo lo creo.