¿Cuántas páginas web hay en el mundo?

¿Cuántos correos electrónicos se mandan en un año? ¿Y al día? ¿Qué tipo de servidores es más popular? ¿Y de dominio? ¿Dónde hay más gente, en Twitter o en plataformas de blogs tradicionales?

A finales de 2010, había 255 millones de páginas web en la Red, según la amplia lista de datos recopilados por Pingdom, que pintan un retrato de Internet, cómo era al terminar el año. Blogs, correos, servidores o páginas web forman un entramado complejo, enrevesado y fascinante. Veamos algunas de las cifras.

En el mundo hay ya 1.970 millones de internautas, casi un tercio de la población mundial, con un crecimiento del 14% en el último año. 825 millones están en Asia,  475 millones en Europa y 470 millones en América.

En materia de redes sociales, por ejemplo, encontramos que Twitter ya ha superado a los blogs más tradicionales, con 175 millones de usuarios en septiembre de 2010 frente a los 152 millones de blogs contabilizados por BlogPulse. No en vano, en 2010 se crearon 100 millones de nuevas cuentas de Twitter y se enviaron 25.000 millones de tweets.

En otro nivel está Facebook, con sus 600 millones de usuarios y los 30.000 millones de vídeos, fotos, enlaces y demás contenido compartido por sus usuarios a lo largo de 12 meses, lo que puede explicar la decadencia de páginas como Digg. Además, la red social más grande del mundo refleja el mundo de forma más fiel a lo que podría parecer: el 70 por ciento de sus usuarios están fuera de Estados Unidos.

Otro que muestra números envidiables es Flickr, que vive una existencia tranquila al margen de las tribulaciones de su dueño, Yahoo, y recibe unas 3.000 fotos nuevas cada minuto. Por su parte, YouTube recibe unas 36 horas de vídeo nuevas cada 60 segundos. Tampoco hemos abandonado los correos electrónicos, enviando 107 billones en todo el año, y unos 294.000 millones al día.

En un plano más técnico,  las páginas en servidores Lighttpd son los que más crecieron en 2010 (un 55,7 por ciento), frente al 39,1 por ciento de aumento de las webs en Apache y el 15,3 en ISS. Al final de la cola quedan el 4,1 por cientocrecimiento en páginas en nginx y el 5,8 por ciento en Google GWS.

Y por último, en cuanto a los dominios, a finales de 2010 había 88,8 millones de dominios .com, 79,2 millones nacionales como .es o .cl, 13,2 millones .net y además 8,6 millones .org. Pero ese panorama se irá diluyendo, porque sólo este año han aumentado un siete por ciento los nombres de dominios.

via baquia.com

¿Está Google volviéndonos estúpidos?

El auspicioso futuro con que se presenta el libro electrónico en la actual Feria de Francfort coincide con la irrupción de algunas de las voces más críticas hacia el tipo de conocimiento promovido por la cultura de Internet. Un comentado artículo en la prensa norteamericana que se pregunta “¿Está Google volviéndonos estúpidos?” y un reciente libro de Lee Siegel cuestionan una era que pretende escribirse con fantasmagóricas letras de plasma.

Un artículo de Nicholas Carr (“Is Google Making Us Stupid?”) publicado hace un par de meses en Atlantic Monthly (cfr. Aceprensa 1-07-2008) se pregunta si la lectura on-line ha modificado la forma tradicional de abordar los textos. El nuevo tipo de lectura se caracteriza ahora por una rápida sucesión de ojeadas a titulares llamativos y a resúmenes cortos, en el orden fragmentario y disperso de una maraña de hipervínculos. Este hecho se presenta ya como una mutación de los mecanismos mentales y físicos adaptados durante siglos para la lectura.

El avezado lector que es Carr, antiguo editor ejecutivo de la Harvard Business Review, se basa sobre todo en una intuición salida de su propia experiencia: “No pienso del modo que solía hacerlo antes. Esto me resulta más evidente cuando leo. Sumergirme en un libro o en un largo artículo me resultaba generalmente fácil. Mi mente podía mantenerse poseída por la narración o por los giros del argumento y pasar horas recorriendo vastas extensiones de prosa. Pero éste ya no es el caso”.

Los síntomas del nuevo mal están descritos de forma casi clínica: “Ahora mi concentración comienza a dispersarse después de dos o tres páginas. Me inquieto, pierdo el hilo, comienzo a buscar cosas que hacer. Siento que mi cerebro va a la deriva, que tengo que arrastrarlo para que vuelva al texto. La lectura profunda que solía fluir con naturalidad se ha convertido en un combate”.

Falla la lectura profunda

Otros testimonios, como el del ganador del premio Pulitzer Leonard Pitts (comentando el artículo referido en su columna del Miami Herald) o el del patólogo Bruce Friedman, quien, acostumbrado a publicar un blog sobre temas médicos, dice no poder enfrentase ya a un texto del calibre de Guerra y Paz, validan esta apreciación de Carr. Pero ¿qué valoración debe hacerse de un cambio que el propio Carr no sabe calificar?

Se comprende que Carr haya titulado su escrito con una pregunta. Intenta, en sus razones, evitar las sombras apocalípticas que surgieron ante otras transformaciones importantes en la historia del ingenio humano: así, por ejemplo, recuerda el pesimismo de Sócrates, en el diálogo platónico Fedro, cuando ante la aparición de la escritura preveía que el conocimiento dejaría de ser una auténtica posesión del hombre y pasaría a serle algo externo y, por lo tanto, sin vida.

“Podéis ser escépticos acerca de mi propio escepticismo. Quizá los que desprecian a los críticos de Internet como luditas o nostálgicos demostrarán tener razón, y a partir de nuestras mentes hiperactivas, pertrechadas de datos, florecerá una edad dorada de descubrimientos intelectuales y de sabiduría universal”, concede el artículo de Carr, publicado después de todo en una de las revistas preferidas del progresismo norteamericano.

Lo cierto, para él, es que “en los tranquilos espacios despejados por la lectura sostenida y sin distracciones de un libro, o por cualquier otro acto de contemplación, podemos hacer nuestras propias asociaciones, trazar nuestras propias inferencias y analogías, adoptar nuestras propias ideas. El leer en profundidad es indistinguible del pensar en profundidad” –dice, apoyándose en las conclusiones de la psicóloga Maryanne Wolf, de la Tufts University, autora de una Historia y ciencia del cerebro lector–.

¿Mera cuestión de soporte?

La postura optimista parece prevalecer en los exámenes del informe PISA que la OCDE diseña para evaluar en lectura, matemáticas y ciencias a estudiantes de quince años en más de cincuenta países: en su próxima edición, estas pruebas tomarán en cuenta las habilidades para la lectura electrónica. Estados Unidos, que ha decidido no participar de la experiencia con el argumento de no sobrecargar a sus estudiantes, ha recibido la crítica de quienes reconocen a aquellas destrezas una importancia no menor que la de analizar un poema o una novela. “No se trata de excluir los libros –señala Donna Alvermann, profesora de Educación Lingüística y Literaria de la Universidad de Georgia–, pero éstos constituyen tan sólo una manera de relacionarse con la información en el mundo de hoy”.

No todos, sin embargo, reducen el problema a una mera cuestión de formas y presentaciones. Así, por ejemplo, el ganador del Premio Nacional de la Crítica de Estados Unidos en 2002, Lee Siegel, reputado como uno de los más inconformistas diseccionadores de la cultura actual, ha lanzado un libro titulado en español El mundo a través de una pantalla (1), menos explícito que el original Against the Machine. Siegel usa la palabra máquina en su sentido más literal, refiriéndose al ordenador con el que nos conectamos a la red como encarnación de las más sofisticadas formas de control.

Parodia también con su título la ambigüedad de un discurso que, en nombre del derecho a “acceder” y a “elegir”, brinda en realidad el más descerebrado colaboracionismo al sistema del que pretende desmarcarse. “El lenguaje de hacer dinero se ha identificado con el de la creatividad iconoclasta”, dice el autor, que en el revolucionario fashion-victim encomiado por David Brooks (el BoBo, o bourgeois bohemian, “burgués bohemio”) ve la representación más acabada del reblandecimiento de ideas propio del antiheroísmo posmoderno.

Aunque en su argumentación procura siempre tener en cuenta las razones que pueden oponérsele y colgarle el sambenito de inmovilista, en el agorero panorama pintado por Siegel hay, como en el caso de Carr, algo de O tempora, o mores!. El propio crítico admite que se acerca a la caricatura cuando retrata al usuario de la red y a sus hábitos como una especie de hikikomori, ese nuevo ejemplar de joven japonés que, para evadirse de la vorágine social, se reconcentra hasta el borde del autismo en la seguridad uterina de los videojuegos (cfr. Aceprensa 14-4-04). No es casual que Siegel haga una evocación de la Metrópolis de Fritz Lang para proyectar la imagen de ciberconectado mutismo en el que se va sumiendo la deshumanizada humanidad: “Internet –dice– es el primer entorno social al servicio de las necesidades del individuo aislado”.

El mundo a través de una pantalla

Describir un hábito por el abuso que se hace de él no parece ser la mejor forma de hacer honor a la justicia; sin embargo, una vez que como hábil ensayista Siegel va elaborando la trama de su exposición de modo quizá excesivamente misceláneo, pero con intención omnicomprensiva; una vez que lo que parece una descripción del mundo de Internet llevada hasta extremos delirantes se expresa con ejemplos vivos, de nuestro mismo día, y que nos resultan preocupantemente familiares, la caricatura se va convirtiendo en desfavorecedor retrato.

Lo fustigado por Siegel no es en modo alguno una simple tecnología: más bien, considera Internet como el epítome de la cultura de masas, un fenómeno que para Siegel no tiene ya tanto que ver con cosmovisiones, sino que se reduce a una estrategia comercial de dimensiones globales.. De hecho, El mundo a través de una pantalla vale la pena como guía de forasteros de los cibernegocios, por el repaso que hace Siegel de las “filosofías” (léase enfoques de marketing) que subyacen tras los más novedosos conceptos (léase productos) del universo on-line: desde el ya lejano Whole Earth Catalog (WELL) de Stewart Brand, hasta los campantes e-BayMySpaceWikipediaYouTubeFacebook, etc. Sin olvidar el lobby puramente doctrinario: Alvin Toffler y su teoría de la “Tercera Ola”, y La clave del éxito de Malcolm Gladwell.

Lo que descubre Siegel detrás de todo este discurso es la jibarización economicista: la ingeniería de sistemas sirve, en realidad, a los sistemas económicos, cuya “racionalidad”, expresada en la correspondiente jerga, valida y da sentido a todas las acciones humanas, incluyendo el ocio. Así, Internet no sólo crea la utopía de un mundo puesto al alcance de un clic y contenido en nuestra pantalla como las ciudades en miniatura que se encierran en bolas de cristal; sino que nos lo presenta esencialmente como un bien económico, viable o no en cuanto tal. Por eso, por ejemplo, la pornografía en la red cobra la apariencia de algo perfectamente ajustado a la racionalidad comercial propia del sistema.

Lo importante es dejarse ver

Esta “transvaloración”, que el crítico estadounidense denuncia sirviéndose del término acuñado por Nietzsche, tiene su expresión más acabada, según expone, en el concepto de “prosumidor” (neologismo que integra las palabras productor y consumidor), puesto en circulación hace algunas décadas por Toffler. El impulso que el boom de los blogs y de páginas como YouTube ha dado a la exposición indiscriminada de cualquier bien anteriormente circunscrito a la esfera de la vida privada, constituye para Siegel verdadera piedra de escándalo.

Lo que le subleva es la puerilidad de una cultura en la que se pretende que todo el monte es orégano, y en la que el derecho a pretenderlo se promueve como la conquista suprema. La cultura de la imagen ha despojado a la fama de su contenido ético y la ha vuelto estética, simplemente: lo importante es “salir”, dejarse ver. Porque el “prosumidor”, que consume los bienes de internet para exhibir su producto, sale resuelto, a falta de otro mejor, a ponerse a sí mismo en el escaparate virtual con la ilusión de que alguien lo descubra, esto es, lo compre. Cuál sea el valor de lo que tiene para ofrecer importa poco: el todo es que caiga en gracia; que logre desarrollar una personalidad viral, capaz de contagiarse violentamente a los demás (bella metáfora de la mercadotecnia virtual a partir de la pandemia del sida).

Actualizándolo con los ejemplos mencionados y con otros como el célebre reality-show de la televisión norteamericana American Idol (correlativo de nuestra Operación Triunfo, y versiones a su zaga), Siegel recoge el planteamiento hecho hace ya unos cuantos años por Christopher Lasch en La cultura del narcisismo. Al antiguo “todo vale” del relativismo tibio le ha sucedido un desvergonzado y audaz “todos valemos”, que ha encontrado en las páginas interactivas de la red algo así como el cambalache del tango, donde “todo es igual / nada es peor / lo mismo un burro / que un gran profesor”.

Resentimiento contra la autoridad

Desde luego, no es nuevo el tango: aunque Siegel intenta trazar una línea divisoria entre el tiempo de las vanguardias históricas y nuestra época (y así, por ejemplo, distingue entre cultura para las masas y cultura hecha por las masas), sus argumentos recuerdan voces que hace tiempo resuenan entre nosotros.

Entre ellas la de Ortega y Gasset, cuya célebre Rebelión de las masas caracterizaba ya al esnob: “siempre en disponibilidad para fingir ser cualquier cosa. Tiene sólo apetitos, cree que tiene sólo derechos y no cree que tiene obligaciones: es el hombre sin la nobleza que obliga –sine nobilitate–, snob”.

Descripción que se parece mucho a la que hace Siegel sobre las personas que “acaban repitiendo simplemente su derecho a ser lo que les gusta ser, una declaración incesante del yo que, a menudo, adquiere el estilo de burla o rabia dirigida contra las elites privilegiadas, las cuales son percibidas como un obstáculo en la tendencia mayoritaria”. El norteamericano, que reconoce un “resentimiento contra la autoridad” detrás de estas infantiles ansias de reclamar cuotas gratuitas de figuración, coincide en tal nomenclatura con otro crítico como Harold Bloom, reivindicador del canon literario.

No deja de ser preocupante que la visión de un crítico de la cultura actual coincida en tan gran medida con la que tenía un lúcido vigía como Ortega ante la perspectiva de los monstruosos engendros político-sociales que iban llevando al siglo XX por los derroteros que ahora sabemos. El colmo para Siegel es que nuestra época quiera gestarlos en nombre de la democracia: “¿Qué problema hay en que los privilegiados o las elites aprendan una habilidad o manifiesten una excelencia innata en un arte y además puedan vivir de ello? Es una poderosa manera para que la gente desfavorecida pueda saltar por encima de las barreras sociales. La democracia es lo que hace que tales transformaciones sean posibles”.

En cambio, lo que Siegel califica de “igualitarismo antidemocrático” es un recurso alienante para “permitir que la reivindicación más firme arrincone el talento más concienzudo”. El mundo a través de una pantalla viene a ser también una advertencia contra las maneras de abonar las modalidades posmodernas y descafeinadas del totalitarismo: “Paradójicamente, en su intento de ser iconoclastas y atacar a los grandes medios, los blogueros están favoreciendo a las fuerzas políticas y financieras que quieren tan sólo que los medios críticos y analíticos desaparezcan”.

Información vs. conocimiento

Con la difusión de nuevos soportes electrónicos para la lectura (como el Kindle de Amazon y el lector de Sony), que según una encuesta entre profesionales del negocio podrán superar al libro de papel en un lapso de diez años, las nuevas generaciones pertenecerán ya a una tradición textual caracterizada no por la fijeza, sino por la movilidad, la interacción con la imagen y el consumo instantáneo.

La era de las letras que aparecen y desaparecen es también la de la información, cuya dinámica impone no sólo los ritmos, sino los fines del leer y el horizonte de expectativas del lector. Se trata, pues, de una lectura que no está hecha para dejar poso, sino más bien para dejar paso: a otra que la desactualiza y que de inmediato será desactualizada por la siguiente.

Por esto Siegel distingue entre la transmisión del conocimiento y la de la mera información: “Uno desea tener conocimientos por sí mismo, no por querer saber lo mismo que los demás o porque quiera transmitirlo a otras personas. El conocimiento garantiza la independencia. En cambio, cuando nos informamos pensamos igual que todos los demás que están absorbiendo la misma información”.

Si las habilidades del lector de la era digital complementan a las del lector tradicional o las sustituyen, es algo que se sigue discutiendo. No son pocos los que sostienen que el correo electrónico y los blogs han recuperado para el texto un interés que le había arrebatado la televisión. Aunque Siegel se pregunta si todo lo que puede inventarse debe en efecto ser inventado, habrá que concluir con él mismo que “la tecnología es neutral y sin valía, no es inherentemente buena ni mala. Son los valores los que provocan que la tecnología sean una ayuda o un obstáculo para la vida humana”. Cómo se orienten las cosas dependerá de los criterios que se defiendan y de los objetivos que se quieran conseguir.

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NOTAS

(1) Lee Siegel, El mundo a través de una pantalla, Urano. Barcelona (2008). 188 págs. 15 €. T.o.: Against the Machine. Traducción: Montserrat Vendrell Aragonés.

Google: el gran hermano

Google tiene cada vez más problemas con autoridades, empresas competidoras y organizaciones de consumidores.

Google es otra fórmula feliz que hizo un servicio real a los usuarios de Internet con su sistema de búsqueda cuando la red se había hecho ya inabarcable. Su invento original no agotó la perspicacia de Google para detectar y satisfacer la demanda del público. Luego vinieron Google Earth, Google Mail, Google Maps, Google News, Google Books, Google AdSense, Google Docs… ideas propias en muchos casos, compradas en otros, como YouTube. Con solo algún contratiempo en el sector de las redes sociales (Orkut, poco extendido fuera de Brasil, y Wave, proyecto abandonado por el escaso interés del público), logró una audiencia enorme y creciente, que le ha permitido obtener grandes beneficios en publicidad online, negocio del que pocos sacan tajada.

Ahora Google es una multinacional de gran tamaño, y mientras crece su popularidad, algunos temen que nos hagamos demasiado dependientes de ella para usar Internet y llegue un día Google Everything, cuando veamos la G adherida a toda clase de servicios. De hecho, Google tiene cada vez más problemas con autoridades, empresas competidoras y organizaciones de consumidores.

Un motivo es las violaciones de la privacidad. El utilísimo y amigable Google puede perder su buena imagen si empieza a parecer un Gran Hermano. Ese peligro tuvo cuando reconoció a principios de este año que sus vehículos que fotografían las ciudades para Street View, el servicio incluido en Google Maps, habían captado y archivado por error comunicaciones privadas que circulaban por redes inalámbricas no cifradas. Las autoridades de varios países, sobre todo Alemania, reaccionaron con contundencia; pero los usuarios se preocuparon muy poco y han seguido usando el valioso servicio.

Más peligroso fue el patinazo de Google con Buzz, un intento de formar una red social a partir de los millones de abonados a Gmail. Cuando muchos usuarios se dieron cuenta de que las direcciones de su libreta se habían dado a conocer a otros con los que se escribían, sin previa petición clara de consentimiento, la protesta fue sonada. Nunca había visto Google semejante rebelión de sus bases; pero rectificó rápidamente.

El buscador que se busca a sí mismo

También tiene problemas Google por la propiedad intelectual, a causa de su acuerdo con editoriales para ofrecer versiones electrónicas de obras descatalogadas pero concopyright vivo. El suscrito en Estados Unidos está sub iudice por denuncia de autores, otras editoriales y la Open Book Alliance, entre cuyos miembros figuran Microsoft, Yahoo y Amazon. En cuestión están la retribución a los autores y la exclusividad otorgada a Google Books.

Sin embargo, lo que más preocupa a las autoridades es la posición dominante de Google en Internet. Tiene el 64% de las búsquedas en Estados Unidos y el 80% en Europa. Recibe más visitas (de máquinas o usuarios distintos) que nadie: unos 900 millones mensuales, con 150 millones de ventaja sobre el segundo, Microsoft. Gracias a ello, y a sus inteligentes fórmulas para colocar anuncios, Google tiene más del 90% del mercado mundial de la publicidad online.

En su condición de opción mayoritaria para localizar información en Internet, Google tiene el poder de fijar qué es visible y qué no para los usuarios. Su famoso algoritmo ordena los resultados según criterios imparciales. Pero el buscador de Google se busca cada vez más a sí mismo. Destaca claramente los enlaces a YouTube y otros servicios propios, como mapas, listas de compras o directorios de empresas. Todo es para servir al usuario, dice Google; o en detrimento de opciones mejores, replican los competidores.

Foundem, un servicio que compara precios y productos, ha elevado una queja contra Google ante la Comisión Federal de Comercio y el Departamento de Justicia de de Estados Unidos. Alega que en 2006 el buscador de Google lo relegó al fondo de las listas de resultados sobre compras y le subió drásticamente la tarifa por salir anunciado al margen de las listas. Poco después, Google empezó a sacar arriba sus propias comparativas de tiendas. Otras empresas del mismo gremio han puesto denuncias semejantes contra Google, pero ninguna ha prosperado hasta ahora.

No seas malo, Google

¿Está Google siendo infiel a su lema, “Don’t be evil”? Es una de las organizaciones que se han opuesto a los planes de quebrar la “neutralidad en la red”, por parte de proveedores de acceso que pretenden dar prioridad al tráfico generado por sus grandes clientes, o por cualquiera que pague más. Pero como dijo un alto cargo de la Comisión Federal de Comercio, también debería suscitar preocupación por la neutralidad en la red un buscador que tuviera posición dominante, porque podría hacer discriminación injusta contra determinadas empresas (cfr. mainjustice.com, 23-03-2010).

De momento, lo único probado es la capacidad de Google para innovar y complacer a los usuarios. Que caiga bajo sospecha invita a preguntarse si hay algo en el sector de las nuevas tecnologías que favorece la concentración de negocios en el número uno. En el mercado de detergentes, el predominio abrumador de una marca tiende a reforzar su ventaja en cuanto la hace más fácil de encontrar, pero no mejora el producto mismo. En cambio, que Windows y el paquete ofimático de Microsoft estén en todas partes aumenta su utilidad, pues permite compartir documentos y manejar computadoras en cualquier lugar. Una red social cumple mejor su función de conectar gente cuanto más grande sea, ya que no resultaría práctico pertenecer a varias para poder relacionarse con distintas personas.

Análogamente, en la venta de música online, la superioridad de Apple hace a su tienda más ventajosa para los consumidores, que así tienen en ella el mayor catálogo. El liderazgo de Google en búsquedas lo convierte en el mejor soporte publicitario. Para los usuarios, tener “todo” en Google también es una comodidad, y no puede decirse que estén cautivos, si los servicios son independientes y gratuitos.

Los grandes caen mal

De todas formas, Google se ha ganado a pulso su liderazgo, y no es inmune a la competencia si otros lo hacen mejor. Algunos temen ahora que Google termine con un cuasi monopolio en bibliotecas virtuales; pero ¿quién ha puesto tanta ambición y tantos medios para digitalizar libros? En diciembre pasado, un tribunal francés prohibió a Google escanear obras con copyright en el país; el mes siguiente, una comisión oficial propuso invitar a Google a participar en el proyecto para digitalizar el patrimonio bibliográfico de Francia. Según el cálculo del informe, si se hiciera con los recursos de la Biblioteca Nacional, se tardaría 375 años en pasar a versión digital los 14 millones largos de obras que componen os fondos; Google Books ha digitalizado ya unos 12 millones de libros desde su inicio hace seis años.

Ante semejante potencia, los recelos contra el nuevo gigante son quizá inevitables. Esa es la opinión de Markham Erickson, director ejecutivo de la Open Internet Coalition, una asociación de empresas y organizaciones de usuarios a la que pertenece Google: “Cuando te haces grande, dejas de caer simpático” (The New York Times, 22-05-2010).

Un mercado en alza: venta de datos personales

¿Quién no se siente incómodo al ver un anuncio que encaja perfectamente con sus intereses mientras pasea por una red social o no se inquieta al pensar que pueda unirse su identidad real al seudónimo con el que firma en un blog? Lo que no se consigue eliminar del perfil la víspera de una entrevista de trabajo se vuelve una auténtica pesadilla para el candidato que pagaría –si los tuviera- millones por una limpieza general de sus comprometedores datos personales.
Pero lo que el usuario no es capaz de hacer sin una gran inversión de tiempo y paciencia se ha convertido en un mercado en expansión. Cada vez son más las empresas que negocian con la información que extraen –no siempre con las mejores armas– de foros y redes sociales, gracias a una tecnología que rastrea en las pantallas y se aprovecha de la falta de regulación. “La extracción o copia de datos se da en todas partes, pero no por eso deja de ser cuestionable”, asegura Eric Goldman, profesor de la Universidad de Santa Clara. “Aunque lo haga todo el mundo no está claro que cualquiera pueda recoger información sin contar con el permiso expreso de su dueño”, explica.

Facebook ha tenido que suspender algunas aplicaciones que estaban transmitiendo la identidad de los usuarios a terceras compañías

Las empresas o personas que utilizan la tecnología ‘scraper’ –rascar o rastrear, en inglés- venden estudios completos sobre los gustos de los consumidores que previamente recogen con sus herramientas en foros especializados; otras siguen en los foros comentarios o largas conversaciones sobre marcas comerciales u ofrecen todos aquellos datos interesantes de profesionales de la competencia que puedan ayudar a mejorar los beneficios. Una actividad, la de los scrapers o escuchadores, que no difiere demasiado de lo que esencialmente cualquiera podría reunir navegando por la red, pero que, sin embargo, realizada a gran escala, se paga a un buen precio: entre 1.500 y 10.000 dólares por encargo, según una investigación publicada en The Wall Street Journal.
Los ejemplos de este mercado emergente ya son muchos. En Florida la empresa InfoChekUSA comenzó su actividad hace ahora un año, ofreciendo datos de los candidatos en procesos de selección de empleo; naturalmente, algunos provenían de los perfiles personales y de filtrar cada currículum vitae volcado en páginas de empleo; otros se conseguían tras arañar las redes sociales, como reconocía uno de sus directivos que buscaba especialmente cualquier referencia a “cómo los despidió su último jefe”.
Servicios de escucha
Otras empresas, como InfiniGraph, realizan lo que se denomina servicios de escucha, que consisten en “recoger una cantidad de información en bruto de la red y hacerla comprensible” para sus clientes, afirma su director ejecutivo, Chase McMichael, quien considera su trabajo como una ayuda para que las compañías acierten en las características de sus clientes on line.

Otras empresas se dedican a recoger una cantidad de información en bruto de información de la red y hacerla comprensible

Pero no todos los scrapers trabajan para causas genéricas. En algunos casos simplemente no se preguntan por el destino final del servicio que ofrecen o tratan de ignorarlo, cuando no parece tan claro. Esto trataba de hacer creer uno de los directivos de una empresa de rastreos a la que se le pidió conseguir los nombres de los comerciales de seguros de la competencia. “¿Por qué nos lo piden? No los sabemos”, decía.
Los problemas de seguridad en la red han generado también una reacción defensiva. Por supuesto, en cualquier sitio de Internet existen barreras para impedir el avance de los robots de búsqueda no deseados, como los códigos de letras cambiantes y desdibujadas –captchas- que tratan de comprobar que al otro lado de la pantalla hay un ser humano. Pero lo más rentable es contratar un buen servicio de defensa. Un director de una de esas empresas afirmaba recientemente que la media de los ataques mensuales a la seguridad por tecnología scraper se han multiplicado entre tres y diez veces.
La vulnerabilidad viene en ocasiones de la mano de aplicaciones muy extendidas que las redes sociales ofrecen a sus usuarios. En la última semana Facebook, que dice contar con 500 millones de perfiles, ha tenido que suspender alguna de ellas, al haber denunciado The Wall Street Journal que, al menos, las diez más populares estaban transmitiendo la identidad de los usuarios a terceras compañías. Las aplicaciones en entredicho son las que dan acceso a distracciones populares como Farm Ville, Phrases o Texas HoldEm Poker, entre otras.
La investigación sobre la violación de la privacidad llevada a cabo por el diario americano reveló que estas aplicaciones –fabricadas por empresas especializadas en software– estaban transmitiendo al exterior el ID de Facebook de sus usuarios y en algunos casos el de los correspondientes amigos en la red, y eso aunque las configuraciones de seguridad de sus perfiles fueran muy estrictas. La información ha ido a parar a manos de unas 25 compañías publicitarias, algunas de ellas dedicadas a rastrear las actividades online de personas. La reacción de la empresa creada por Mark Zuckerberg fue inmediata y, además de la interrupción de algunas de esas aplicaciones, se anunciaron medidas para limitar al máximo cualquier posibilidad de difusión de datos.
Amenazas futuras
Otra fuente de preocupaciones se centra en el próximo lanzamiento de la quinta versión del lenguaje HTML, que se utiliza para la construcción de páginas web. Aunque la renovación de la lengua común, impulsado entre otros por Google, ofrecerá múltiples ventajas, como ver contenidos multimedia sin necesidad de descargar programas adicionales o comprobar el correo sin conectarse, el HTML 5 presenta muchas más posibilidades de rastreo de datos, ya que permite al usuario recoger y almacenar mucha más información en el disco duro mientras se navega.
Esto supone, según señala Tanzina Vega en una información publicada por The New York Times, que anunciantes u otros “podrían ver semanas o incluso meses de datos personales”, como por ejemplo, la localización, las fotografías, los textos de blogs, las listas de compras online, el e-mail o los historiales de visitas del usuario. Una buena parte de las dudas sobre la seguridad del futuro lenguaje tiene que ver con la capacidad de los navegadores más utilizados, como Explorer, Firefox, Safari y otros, para retirar los datos que se vayan creando y almacenando como consecuencia del nuevo lenguaje. “Habrá información en tantos sitios que estas compañías lo van a tener muy difícil”, afirma James Cox un consultor de la empresa Smokeclouds que, a pesar de todo, se define como un gran entusiasta de la nueva web.

Protección de datos: mis datos en Internet los gestiono yo

Los últimos problemas de Google en relación con la privacidad –la captación de datos sin autorización a través de redes Wifi públicas para Street view y la ineficiente protección de la intimidad en su red social Google Buzz– no han hecho sino amplificar una percepción que ya estaba muy extendida: internet es un auténtico coladero donde circulan todo tipo de datos personales, muchas veces sin conocimiento del interesado. El vertiginoso avance de las redes sociales se ha encargado de subrayar este mismo peligro. El caso de Facebook es paradigmático: los sucesivos cambios en su política de privacidad dan cuenta de otros tantos problemas relacionados con la capacidad de la empresa para proteger las informaciones de sus usuarios. Continue reading

Formas sofisticadas de hostilidad anticristiana

La violencia contra los cristianos en países bajo dictaduras o regímenes fundamentalistas provoca a menudo protestas en Occidente. Sin embargo, se hace la vista gorda con otras formas de intolerancia religiosa más sutiles en Europa. Un informe realizado por el Observatorio de Intolerancia y Discriminación contra los Cristianos, con sede en Viena, denuncia más de 130 casos de discriminación contra cristianos cometidos en Europa entre 2005 y 2010.

¿Tiene sentido hablar de discriminación y de intolerancia hacia los cristianos en un continente donde buena parte de la población sigue diciéndose cristiana? ¿Cómo puede la mayoría ser excluida socialmente por la minoría? ¿No será que algunos sacan las cosas de quicio, al considerar “discriminación” lo que no es más que la pérdida de unos privilegios históricos? Continue reading

Top 10 Web Apps We Love

We often get asked, “What apps do the SEOmoz team use?”  To answer this question, we decided to put together a blog post with the Top 10 Web Apps We Love here at SEOmoz.

The SEOmoz team decided on the Top 10 apps below (in no particular order).  However, we found we liked so many apps that we decided to include another 15 that are definitely worth mentioning.  Take a look at our list and let us know your own favorite apps in the comments.

The Top Ten List (in no particular order)


Web Analytics

Google Analytics is an excellent free web analytics tool. Even if you have another analytics application, we think it’s worthwhile to add Google Analytics to your site– it’s that good. We use Google Analytics to report on the performance of the SEOmoz website and our online marketing campaigns. Our only requests? Real-time reporting, a referral report with complete URLs and the option to pay for a service level agreement.

Also Recommended: Yahoo! Web AnalyticsAdobe SiteCatalystWebTrends


#2 KISSmetrics

Funnel Reporting

Does your website require users to go through multiple steps? If so, you need good funnel reporting; we like KISSmetrics. Simple to setup and configure, but with plenty of options for segmentation and customization, we use KISSmetrics to monitor and report on the key user experiences of our site. It even provides details on the conversion funnel performance of each of our organic keywords– a big plus for SEOs.

Also Recommended: Adobe DiscoverGoogle Analytics (limited funnel capability)


Conversion Rate Optimization

These days, Conversion Rate Optimization seems to be more popular than Harry Potter. Google Website Optimizer is a free way to do simple conversion rate optimization testing on your website.  You can test varied landing pages using an A/B test or determine the ideal combination of elements using a multivariate test. Google’s tool is free, and capable enough to get you well on your way with CRO.

Also Recommended: UnbounceVisual Website OptimizerAdobe Test&Target


#4 MailChimp

Email Campaign Manager

MailChimp, oh how we love thee. MailChimp is one of the most intuitive and simple email marketing packages around. And yet, it remains incredibly powerful with detailed analytics, great social media integration and an adorable chimp, Freddie. MailChimp offers both free and affordable plans that work well for low-volume and high-volume email campaigns. Stay awesome, MailChimp.

Also Recommended: ExactTarget


Affiliate Program Management

SEOmoz re-launched our affiliate program this fall and we chose HasOffers as our new platform.  Our marketing team has collectively used several other platforms in the past and none are as capable and intuitive as HasOffers. Based in the cloud, HasOffers has plenty of capabilities and is designed to enable you to self-manage your own affiliate program (or even your own affiliate network).


#6 Wistia

Video Hosting

Wistia is video hosting on steroids. Not only does this video hosting platform support HTML5, which makes your videos viewable on a slew of non-Flash enabled devices, but the platform is inherently designed for SEO.  Try searching Google for “Top 10 Web Apps We Love” and you’ll likely see the above Wistia-hosted video that’s included with this blog post. Their tracking and analytics are also the best we’ve seen in video hosting.  See a sample report here.

Also Recommended: Delve NetworksVimeo (not recommended for commercial videos)


SEO Insight from Google

Google Webmaster Tools is SEO insight straight from the horse’s mouth, and a must-have for any website. Get information on how Googlebot sees your site, view (some) links to your site and edit preferences for how your listing appears in the Google search results. While not as comprehensive as we’d like, it’s still a welcome set of capabilities.

Also RecommendedYahoo Site ExplorerBing Webmaster Tools


#8 SEOmoz PRO

SEO Campaign Management

We may well deserve criticism for adding our own app to this list, but we really are proud parents. The SEOmoz website is large enough that the crawl diagnostics help us find issues we haven’t fixed, the rankings report manages our large list of keywords, and Open Site Explorer provides invaluable data on backlinks. These features just scratch the surface of what you get with SEOmoz PRO.  It’s a toolset our marketing team uses everyday.

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#9 CoTweet

Twitter Account Management

CoTweet provides an excellent interface for managing your Twitter account, especially if you need multiple people to manage it.  Jen, who manages our community, approves of CoTweet– and that means a lot!  CoTweet makes it easy to access multiple Twitter accounts and keep an eye on your mentions. Even better, CoTweet integrates with our #10 App, Bit.ly Pro.

Also Recommended: HootSuite


#10 Bit.ly Pro

URL Sharing and Analytics

While most people only use a URL-shortening service for tweets, we like to use Bit.ly URLs wherever possible. Bit.ly Pro permits you to use a custom domain (we use seomz.me) and provides useful analytics for each URL you create. SEOmoz uses the data from Bit.ly Pro to determine which tweets generate the most clicks.  Pro Tip: add a + to the end of any Bit.ly URL to see a detailed report, like so: http://seomz.me/hXrmAU+.


Other Apps We Love

Below are more of the apps we use and love.  While they all can’t be in our Top 10, they’re definitely worth mentioning:

What are your favorite apps?

Are we missing a must-have app for your website?  Please let us know in the comments!  We’d love to know what you’re using to make your work easier, more productive and fun.

Happy New Year!

We’re taking a few days off to celebrate the New Year, so things might be a little quieter around here than usual.  We’ll be back first thing next week to begin our most exciting year yet!  From all of us at SEOmoz we hope you have a very Happy New Year!

¿Hay un derecho a ser “olvidados” en Internet?

La Comisión Europea quiere que los ciudadanos puedan exigir, en cualquier momento, que sus datos personales sean borrados de Internet. Aunque la idea suena bien, L. Gordon Crovitz plantea algunas dificultades prácticas y de principio en su columna del Wall Street Journal.

Fuente: The Wall Street Journal
Fecha: 23 Noviembre 2010

A principios de noviembre, la Comisión Europea abrió una consulta pública para recabar las ideas de los ciudadanos de la UE antes de adaptar la Directiva de protección de datos, de 1995, a los cambios que ha traído el boom de las nuevas tecnologías. Su objetivo es sacar una propuesta legislativa en 2011.

“El control de su información, el acceso a sus datos, la posibilidad de modificarlos o borrarlos, son todos ellos derechos fundamentales que deben ser garantizados en el actual mundo digital”, dice la convocatoria de la consulta.

La nueva regulación permitiría a los internautas borrar permanentemente información de su perfil en las redes sociales o en cualquier otro sitio de Internet. Sin embargo, como objeta Gordon Crovitz, la Comisión no explica cómo podría llevarse esto a la práctica ni cómo se resolverían los conflictos entre el derecho a la intimidad y el derecho a la libertad de información de los demás.

En el ámbito de la justicia penal, se ve como algo normal que el derecho a la intimidad esté restringido frente al de información. Pero ni siquiera en estos casos, los delincuentes están completamente desprotegidos. La legislación penal alemana, por ejemplo, exige excluir las referencias a los delitos de los criminales cuando éstos han cumplido condena. En tales ocasiones, el gobierno impone límites a la libertad de expresión de los demás para facilitar la rehabilitación de los delincuentes.

Ahora bien, comenta Crovitz, “si alguien comunica datos personales en Facebook y luego se lamenta y quiere borrarlos, ¿realmente nos gustaría que el gobierno castigara a quien utiliza esa información?”.

Para Adam Thierer, presidente de Progress and Freedom Foundation, “el derecho al olvido no es realmente un derecho a la privacidad. El derecho a la privacidad solo concierne a la información que es realmente privada. Lo que pretende el ‘derecho al olvido’ es retirar información que, por defecto, es pública, fingiendo que es privada”.

A juzgar por lo que se ve en las redes sociales, dice Gordon Crovitz, da la impresión de que a la mayoría de la gente le parece bien sacrificar su derecho a la intimidad por razones de conveniencia. Por eso, a su juicio, no tiene sentido que el gobierno imponga luego la censura a los demás.

Adolescentes hiperconectados

Fuente: Case Western Reserve University
Fecha: 30 Noviembre 2010

Un estudio hecho en una veintena de institutos de Cleveland (EE.UU.) relaciona el uso excesivo de algunas de las formas de comunicación más propias de los jóvenes (SMS, redes sociales) con conductas de riesgo como el consumo de drogas y alcohol, agresividad o tendencias suicidas.
El trabajo (“Hyper-texting and hyper-networking: A new health risk category for teens?”), realizado por la Case Western Reserve University, se centra en dos anomalías propias de la comunicación juvenil: el hyper-texting –mandar más de 120 mensajes a través del móvil por día lectivo– y el hyper-networking –pasar más de tres horas diarias en páginas de redes sociales–. Entre los 4.400 alumnos de instituto entrevistados abundan más los que abusan de los mensajes de móvil (uno de cada cinco) que los enganchados a las redes sociales (uno de cada nueve).
El perfil del adolescente “hiperconectado” responde a varias características: pertenece a una minoría social, es con más frecuencia mujer, sus padres tienen un nivel educativo bajo y vive bajo la tutela de solo uno de sus padres, la madre por lo general.
La mayoría de las conductas asociadas con el exceso de comunicación presentan tasas similares en los dos grupos: los que abusan del mensaje y los que abusan de las redes sociales. Así, entre los primeros es un 90% más frecuente tener cuatro o más parejas sexuales; se ven involucrados en peleas un 55% más que sus compañeros; consumen alcohol asiduamente en un 41% más de casos; fuman más (40%) y recurren a las drogas con mayor frecuencia (41%). Además, otro estudio, del Pew Reseach Center, señala que un tercio de los conductores de 16 y 17 años tienen costumbre de mandar mensajes mientras conducen.
Por su parte, los jóvenes que dedican más de tres horas diarias a las redes sociales también consumen más droga (84%), se pelean más (94%) y han tenido cuatro o más parejas sexuales (60%). El abuso de las redes sociales está asociado también con un mayor índice de estrés, depresión, tendencias suicidas, problemas de sueño y consumo excesivo de televisión.
En cuanto al comportamiento de los padres, la gran mayoría de los jóvenes con problemas de “sobrecomunicación” afirman que han sido permisivos con ellos en el uso de la tecnología.
Se podría pensar que estos jóvenes serían expertos, al menos, en mantener relaciones sociales. Sin embargo, según el estudio de la Case Western Reserve University, los hiperconectados son más influenciables por la presión de sus compañeros, lo que no es buen indicio de socialización.
La actual generación de jóvenes es la más interconectada de la historia y, sin embargo, los problemas asociados a la incomunicación no dejan de crecer. El problema, con todo, no es de ahora: hablar mucho nunca ha sido sinónimo de entenderse.

Un blog, amigos en Facebook y seguidores en Twitter no convierten a alguien en Community Manager

Escrito por Francesc Pumarola en La Voz de Galicia

La web 2.0 permite a las empresas comunicarse directamente con sus potenciales clientes, para conocer mejor sus necesidades y poder adaptar su oferta a las demandas que se detecten. Esto ha provocado el nacimiento de perfiles profesionales que se están especializando en desarrollar estas labores. El más conocido es el gestor o responsable de comunidades, denominado Community Manager (CM), del que la semana pasada detallamos las tareas que debe realizar. Pero hay que ir con cuidado, porque están surgiendo de la nada miles de profesionales que se autodenominan Community Managers, resumido de forma muy clara por Pascual Drake: «Si todo el que dice serlo realmente lo es, una ardilla podría cruzar la península saltando de community manager en community manager.r». Continue reading