
¿El movimiento del “Tea Party” es una fuerza de gobierno? Miles de ciudadanos de los EE.UU se lo están preguntando, lo mismo que una numerosa cohorte de columnistas y comentaristas, pero sobre todo el movimiento mismo, que aún no ha decidido qué quiere ser “de mayor”; mientras tanto la táctica de esperar amenaza con desgastarlo a pequeños sorbos, igual que se hace con la noble bebida que se ha convertido en su marca y su símbolo.
Cualquier medida apresurada, cualquier paso en falso podrían poner en peligro un futuro que aún promete ser importante.Por su parte, los dos grandes partidos tienen, respecto al “Tea Party”, de qué regodearse y, al mismo tiempo, de qué temer. La clara politización del “Tea Party Movement” podría reforzar a los republicanos y, a la inversa, debilitar a los demócratas , pero al mismo tiempo, el “Tea Party”, podría decidirse a tomar un camino propio, perjudicando entonces al Grand Old Party (Partido Republicano) y dando a los demócratas, inmersos en una profunda crisis, una ayuda valiosísima en términos de cifras electorales.
Es la eterna espada de Damocles de los llamados “terceros partidos”. En el sistema de facto bipartidista estadounidense existen los terceros partidos, desde siempre, y mucho más de lo que suele imaginarse. La gran mayoría de ellos están indirectamente o incluso a veces abiertamente vinculados a la cultura conservadora, pero, históricamente, lo más que han conseguido estos partidos ha sido influir en cierta medida sobre los partidos principales o lograr algún éxito significativo en el ámbito regional: nunca han conseguido hacerse un hueco en el escenario de la política federal.
Ahora bien, desde siempre los partidarios de los “terceros partidos” dicen, y quizás con una buena dosis de sentido común, que esto es así porque así se continúa afirmándolo: es como un perro que persigue su cola, que los “terceros partidos” no triunfarán nunca precisamente porque se repite que no triunfarán nunca; y esto porque, incluso después de las grandes manifestaciones que han organizado, los votantes, a la hora de la verdad, acaban por dar su voto a los partidos mayores o, en el peor de los casos, se refugian en el no-voto de protesta. Sin embrago, nunca se ha visto una fuerza tan popular y relevante como el movimiento del “Tea Party”: éste podría, esta vez sí, ser el momento oportuno para que un “tercer partido” aparte por fin del escenario a uno de sus “hermanos” mayores
Si fuese así, quien saldría perdiendo hoy sería el Partido Republicano, esto es, aquella fuerza política capaz de gobernar y que, cuando es necesario, se muestra conservadora, pero que olvida con bastante rapidez y, por lo tanto, vive de rentas en ausencia de otras fuerzas conservadoras organizadas y creíbles. Con gran descontento, sin embargo, de los votantes, activistas, dirigentes y simpatizantes. Si ahora el “Tea Party” decidiera recoger a las personas insatisfechas en lo que sería un intento nunca hasta ahora llevado a término, al Partido Republicano se le caería la última hoja de parra.
Es cierto: es un escenario futurible, tal vez impensable, incluso tal vez imposible. Pero los republicanos, que están dormidos en los laureles desde hace demasiado tiempo, harían bien en despertar rápidamente. El reciente gran éxito en Kentucky de Rand Paul, hijo de Ron Paul, candidato independiente del “Tea Party” ha hecho saltar todas las alarmas. ¿Se despertarán?
Publicado en www.ildomenicale.it